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Capitalismo antisistema | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 24.12.12 | | No sabemos hasta dónde va a llegar esto ni por dónde nos va a salir todo. Una precisión, no obstante, tenemos que hacer: sólo nos referimos a este artículo que se nos escapará seguramente de las manos. Cuando los dedos se entretienen entre las letras no es de recibo andarle con mandamientos juiciosos ni injustas imposiciones camufladas de palabras dulces, cuando se nos echan encima discursos envenenados por dentro con dosis nada ponderables de crueldad y cinismo. Pasen y vean cómo se alimentan la fiesta y el casino, cómo se levantan la carpa y el circo, cómo se nos desaloja de la luz y de la alegría, cómo nos hurtan los derechos y las miradas. | Nos quieren dejar ciegos para que no veamos las tropelías, mudos para que sólo expresemos muecas de dolor, sordos para que no nos escuchemos unos a otros, mientras que se nos arrebata de las manos las pocas pertenencias que nos quedaban. El capitalismo antisistema está consiguiendo que perdamos el tacto de las cosas comunes y de los derechos con que digitalmente (con los dedos de una mano) contábamos, porque nos los habíamos ganado a pulso. Nunca nadie nos regaló nada y siempre la factura estuvo a cargo de nuestras espaladas. El capitalismo antisistema democrático ha entrado arrasando derechos, desterrando personas y apropiándose de lo que pertenecía a todos. Vamos por partes, antes de que no nos deje nada a mano en lo que podamos participar. Las privatizaciones galopantes que se están llevando a cabo y todas las que se avecinan no son frutos coyunturales, sino una recolección premeditada y perversa de todo lo que al capitalismo antisistema democrático se le antoja, porque quiere construir nuevas estructuras, que añoran las sociedades esclavistas de hace años y siglos. Ya hace años que el capitalismo abogaba por menos estado, es decir, por menos control, y resulta que lo consigue a pasos agigantados, mediante la traición de políticos de una casta sumisa, a la vez que obediente e indecente, que ha recuperado la matriz de la nación como cortijo propio. El resto de los mortales, además de serlo ahora con más facilidad, va camino de convertirse casi en servidumbre de la gleba. Así es como se decide (pensamos que no por nuestra voluntad ni por el bien de todos) regalar terrenos para colegios-negocios privados, privatizar hospitales que son de todos, porque se han construido con dinero de todos, conceder subvenciones a carreteras privadas, intentar privatizar las públicas, abandonar cada vez más la enseñanza pública, regalar la red ferroviaria sin valorar el verdadero tamaño del valor de toda la infraestructura... Pero es más, cada vez que se nos habla de “poner en valor” se nos antoja pensar ahora que nos están hablando de ganga para los suyos, pero a costa de lo nuestro. Además ideológicamente quieren arrasar con todas las ideas que no les pertenecen, porque son un obstáculo para sus desmanes, y no porque se lo dicten desde la Unión Europea o desde Alemania (Ángela Dorotea Merkel está divorciada y vuelta a casar, no tiene hijos y admite el aborto. Eso sí: Teresa Rabal no la contrataría de domadora). La jibarización mental de nuestro país ya está en marcha. Dada la deriva del capitalismo antisistema democrático español nos da mucho que pensar en este progresivo desmantelamiento de todo lo público en España. La subida de tasas universitarias a todos por igual desaloja a los que tienen menos medios, seleccionando económicamente a los estudiantes. Además con los Masters se privatizan más las titulaciones universitarias. Desde la Educación Infantil y Primaria también se consagra la desigualdad con desprecio de la diversidad. Por lo pronto no hay oposiciones y así se podrán ir amortizando las plazas que se quieran para reducir a lo más posible lo público. Ya no llegan los servicios públicos, sanidad y educación, a todos los lugares. El funcionariado por oposición pierde su dimensión social al no llegar a todos los rincones donde viven personas. Hasta podríamos pensar, que al quitar las oposiciones, por la demolición de lo público, ya quedará el suelo patrio expedito para la contratación directa por amistad, clientelismo o nepotismo. Sabemos que el capitalismo es amante de la competitividad, pero le tiene pánico a la competencia. El capitalismo antisistema democrático nos golpea con saña y está frontalmente en contra de que el estado democrático de bienestar sea extendido por el mundo en aras de la paz. Por eso ha decidido empobrecer a Europa y exponer en la plaza, que llaman pública, a millones de esclavos.
Josemª. Maestro de Primer Ciclo de Primaria
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