“Poderoso caballero es don Dinero”. No hay más que abrir los ojos y nos podemos dar cuenta de esta verdad verdadera, que ha dado fe cumplida alrededor de este mundo, para que no se le quede atrás ninguna esquina. A pesar de todo, los políticos, que dicen que son los que mandan, procuran darnos el esquinazo y que no nos enteremos de nada, salvo de que “quien paga manda”. Entre el gran cúmulo de atribuciones, ya hemos escuchado, más de una vez, que ellos son los que pagan; pero son administradores, no empresarios. Nos quieren convencer de ello, para que les dejemos vía libre a sus desmanes políticos, económicos y sociales. Nos quieren convencer, para que no echemos cuenta de que los únicos que no están pagando nada en esta fiesta nacional por gubernamental son ellos. Se llevaron los votos, porque iban a administrar mejor que nadie y han seguido malversando e hipotecándonos con tanta deuda, que no hace más que crecer. No hablemos de los dispendios de los señoritos de turno, que no hacen ningún sacrificio ni de lo superfluo. |
Para colmo se han apropiado de un aval político, como las elecciones gallegas, cuando han perdido más de ciento cincuenta mil votos, perdiendo casi un ocho por ciento. No se quieren dar cuenta de este desahucio que la ciudadanía le está haciendo a la política por culpa de sus políticas. Siguen de señoritos y no renuncian ni a sus dietas (que también pagamos entre todos y que cuestan lo que un maestro), algunas claramente indebidas, y que, para más inri, no cotizan siquiera a Hacienda, que somos todos. Se han dejado embaucar por unos mercados y unos bancos, que a los demás ni nos seducen ni nos sirven. Han cumplido con un deber indebido, ya que la deuda no había que regalársela ni a los banqueros ni a los de fuera. Antes de que el dinero se largara de España, tendrían que haber llegado a acuerdos para que nos fuera rentable a todos, con el menor coste posible, endeudarse con los de dentro. Pero no, nos endeudan con los de fuera y los dineros de dentro también se van fuera para dar la vuelta y costarnos más caro nuestro propio hispánico dinero. Vaya servicio que nos han hecho nuestros servidores de la Patria. Parece ser que más que servidores son amos serviles del poderoso caballero, que nos va pisoteando, y al galope, cada día más. Entre este ir y venir, de dineros y amos, pretenden que nos creamos que son los amos, porque nos dicen que “quien paga manda”. También los de ahora han sido elegidos para ser administradores y no amos, para servirnos de algo y no para servirse de todos, especialmente de los que no le puedan devolver nunca el favor, favor que no nos han hecho, como sí hizo el mayordomo infiel de la parábola, curándose en salud. Los que han empobrecido a todos los ciudadanos de a pie, acribillándolos con subidas de impuestos, de la cesta de la compra y de los servicios; los que han arruinado el edificio económico y laboral que sostenía al país, con la desaparición de tantas pequeñas y medianas empresas; los que han dado al traste con el entramado y equilibrio social, con la desaparición de tantos derechos; los que han quebrado la moral y la ética de las personas, cuarteando las relaciones sociales, se han olvidado de que “el que rompe paga”, o peor todavía, a nuestro parecer, han querido construir un artificioso silogismo barato, como discurso que puede ser emblemático para el futuro, como lo fue, unas veces consciente y otras, inconscientemente, en el pasado, haciendo añicos todo lo que se les cruzaba en su camino. No es de extrañar que nos argumenten que “El que rompe paga. El que paga manda. Luego el que rompe manda”. Y es más, no sólo han encarnado y demostrado que el poder corrompe, sino que además rompe y nos rompe. ¿A quién no le duele algo?
Josemª. Maestro de Primer Ciclo de Primaria. |