 Hace apenas un año, cuando el presidente del gobierno Mariano Rajoy se encontraba en la oposición, utilizaba la crisis y el malestar de los ciudadanos para sacar rédito. Se callaba y ocultaba sus medidas, las que sabía sobradamente que iba a adoptar por cuestiones ideológicas, pero entonces, sus buenos asesores le advirtieron del grave riesgo de contar y desgranar su verdadero programa. Era su última oportunidad para lograr la presidencia de España. Lejos de ofrecer una alternativa creíble y clara, prefirió aliarse con el efecto negativo del paro más que con los parados. Eligió un camino de derribo para dividir a la sociedad y dispersar el voto de la izquierda. A día de hoy, todas sus promesas han quedado en el recuerdo de todas las hemerotecas y la mayoría de ellas, están siendo cuestionadas por los propios militantes y muchos dirigentes del Partido Popular. |
Ahora, el problema, es que el presidente Rajoy no entiende nuestros problemas, el de los jóvenes, el de los ciudadanos, el de los desahuciados, el de los trabajadores que sufren la precariedad e inestabilidad en el día a día, el de los empresarios que tienen que proceder a los despidos sin quererlo. El de los funcionarios que trabajan para que los políticos lo tengan todo mucho más fácil, el de los niños, el de las madres que tienen que hacer frente a sucesivos gastos para que sus hijos puedan ir a clases o puedan adquirir un medicamento que palie su enfermedad. También el problema de los maestros, profesores y médicos que cada día ven más complicado poder educar o curar, que es lo que realmente quieren. Hace aproximadamente un año, Mariano Rajoy no entendía su propia letra cuando le preguntaban por medidas concretas para crear empleo. Entonces lideraba la oposición. Ahora, apenas un año después, Mariano Rajoy no está entendiendo con urgencia los problemas de nuestro país. No los está entendiendo ni está sabiendo explicar, pienso yo, el camino por el que nos lleva, ni está sabiendo avisar de las trampas que aún nos quedan en ese camino. A la vista está. Es obvio, que un buen discurso es importante, Rajoy es un político veterano y lo tiene; Rubalcaba también; pero una alternativa sólida, formalizada y creíble es vital para mantener ese discurso. Por ello, el Partido Socialista está trabajando cada día por consolidar una alternativa seria que reconstruya esta sociedad tan dividida por la crisis y asfixiada por el imparable incremento del paro en nuestro país. El PSOE entiende la realidad de esta crisis y, aunque haya cometido graves errores (algunos lamentables) cuando gobernaba, es consciente en su conjunto de la importancia de las ideas por encima de las personas. Es consciente de la situación dramática que vivimos y también por ello, aunque cueste a veces hasta entonar la voz, el Partido Socialista ha presentado numerosas iniciativas, proyectos, mociones y propuestas en todas y cada unas de las administraciones en los últimos días, por eso mismo de haber cometido errores y no haberlos podido reparar aún. Conscientes de la gravedad de la situación y del enorme desgaste que conlleva siempre gobernar en condiciones adversas, más si cabe cuando se gobierna inmerso en una crisis tan profunda y dura como la que desgraciadamente llevamos viviendo desde hace varios años. El Partido Popular tiene el problema de tener un buen discurso pero no tener un programa claro y conciso, se le veía de venir cuando ejercían la oposición en el Congreso y ahora lo estamos padeciendo. Pero no solo tiene ese gran problema el PP, sino que también lo ha tenido el PSOE y por eso están siendo castigados los dos grandes partidos en estos momentos y, por ello, los socialistas de España nos esforzamos cada día por preparar y ofrecer cuanto antes una alternativa creíble y ambiciosa para no tener la necesidad de tener que entender nuestra letra, sino entender nuestras ideas y que los ciudadanos las entiendan por igual en todos los lugares de España. Como diría Carme Chacón: el liderazgo de las ideas está antes que el liderazgo de las personas. Vídeo: http://www.youtube.com/watch?v=mEAiYBIr5wE
Atte. Román Serra. |