Por esa razón tenemos que considerar que estamos ante los presupuestos generales de la troika y no ante unos presupuestos generales democráticos. Unos presupuestos que dedican más recursos al pago de intereses de la deuda pública que a otras partidas como las prestaciones sociales. Una deuda que en gran parte corresponde al rescate a los bancos privados, y cuyas cantidades que no se recuperarán ya superan los 20.000 millones de euros, y también a la especulación financiera descontrolada de la que se han favorecido también los grandes bancos y las grandes fortunas. Una deuda que es urgente minimizar a través de procesos de reestructuración de la deuda. Rebeldía frente a la troika y a los poderes financieros que nos ponen la soga al cuello.
Algunos de los proyectos que estaban contemplados para Málaga han sido cancelados o retrasados, lo cual tendrá no sólo una incidencia negativa en el turismo sino también en el empleo de la provincia. Es todo consecuencia de la misma lógica suicida de un gobierno obcecado en la austeridad y movido por la fe en reformas que no han funcionado en ninguna parte del mundo.
Estos presupuestos tendrán su continuación en otro futuro rescate que ya está ultimando la troika. Los estallidos sociales y el abismo económico están ya a la vuelta de la esquina, y claudicar ante el poder económico como hace nuestro Gobierno es la mejor forma de acelerar el proceso.
A quienes creemos en la democracia y en los principios de justicia social y solidaridad nos toca reconocer que hay que romper con la troika y que debemos acumular fuerzas sociales (sindicatos, movimientos sociales y ciudadanos indignados, entre otros) para alcanzarlos el objetivo de organizarnos mejor socialmente.
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