Todos los españolitos de a pie (y tal vez consigamos hacerlo descalzos) nos desayunamos todos los días con algo (no estamos para derroches) de aceite de oliva virgen para engrasar nuestra dieta mediterránea. Pero hoy, el día después de la vuelta del Gran Recortador al aula magna de nuestras vidas, el desayuno ha sido distinto. Hoy nos hemos desayunado como reyes, no nos han recortado nada, ni siquiera el síndrome posvacacional del que tanto se habla, y ahora más que nunca, para que el trabajo parezca una verdadera condena y nadie lo quiera ver ni en pintura. Hoy nos hemos desayunado con algo que no nos han recortado: el IVA. Ya pueden los de las pancartas guardarse de sacar los cartelitos que decían de muchas maneras “No a los recortes”. |
En todo este trasiego de gente indignada, de gente de mal vivir (nunca mejor dicho que ahora), crece la flor de la esperanza, que será abonada con unas casi divinas palabras. Para no perder mucho tiempo, ya ha empezado la letanía y nos han dicho que “la subida del IVA supondrá un sacrificio, pero no caerá en saco roto”. Lo malo es que se quieran llevar el saco enterito y calentito. “Esta medida servirá para mantener la solidaridad del país y enfocar el futuro mejor, con más seguridad y con más posibilidades de éxito”. Casi “na”; ni que Galicia fuera el Tabor de las Buenaventuranzas de la política que padecemos. “Se ha puesto en marcha el mayor proyecto reformista y modernizador de la Historia de España”, entendemos que con cierto abolengo alemán, reforma casi luterana, reforma histórica, porque la Historia es de ellos. Es “imprescindible” hacer Historia. Como no somos ambiciosos, no queremos tomar más citas que la que verdaderamente nos preocupa y necesariamente nos ocupa: “Cuando las circunstancias lo permitan, que espero que no sea muy tarde, se volverá a bajar IRPF”. Ahora sí que lo tenemos claro. Veamos algo de la magia política que nos hace ver lo que nadie ha visto y, quizá, algo de lo que nadie parece haber dicho. No nos ha sido posible, como nos pasa siempre, repasar todos los análisis económicos que corren por los diarios y por las redes. Nosotros, que no somos economistas, pero que somos afectados por todas las medidas dolorosas, como los reglazos (que también eran medidas) que sufrimos en nuestra infancia, podemos observar las marcas que nos dejan. Desde hace mucho tiempo se venía reivindicando que las subidas salariales no fueran porcentuales, sino que con vistas a conseguir una sociedad menos desigual, esas subidas fueran lineales. Esto se ha olvidado, y hemos sido testigos de verdadera desproporción en salarios, que cada vez estaban más alejados los unos de los otros. Para nosotros la subida del IVA es otra injusticia que consagra la desigualdad, aumentándola, ya que el porcentaje que se sube afecta más a los salarios pequeños que a los grandes, porque al ser porcentaje que pagamos en el precio de cualquier artículo o servicio, se convierte en una subida lineal que grava el consumo o el gasto con relación al salario de cada uno. Es decir, se trata, como es obvio, de un porcentaje que pagamos con relación al producto, no con relación al sueldo. Ya sabemos y comprendemos que los impuestos indirectos son los más injustos y por eso no conviene olvidar esta cuestión. Quizá sea esa la razón por la que se bajará el IRPF (que favorece a las rentas altas, por su falta de verdadera progresividad) en el futuro, mientras que el IVA nos lo dejarán clavado y a repartir entre todos. Si esa es la solidaridad del país que va a construir la seguridad y el éxito, ya sabemos quienes aportaremos la mayor contribución, con esta linealidad inversa, camuflada, que exige más al que menos tiene y menos al que más posee. Como vemos es otra de las múltiples faces y fauces del capitalismo, que desvalija impunemente a los desheredados del estado del bienestar. Si la subida del IVA no retorna a su puerto, del que lo han sacado los “prácticos”, se quedará a la deriva, aunque todos sigamos remando con los mismos remos, que para colmo se quedarán más cortos y con menos capacidad y poder adquisitivo, ya que cada día nos quedarán menos fuerzas.
Josemª. Maestro de Primer Ciclo de Primaria. |