
Ya lo decía Mark Twain “Hay tres clases de mentiras: La mentira, la maldita mentira y las estadísticas”, por eso hoy me siento desconcertado… Decir la verdad es a menudo muy difícil, mentir por omisión, una de cuyas maneras es callar, puede hacernos culpables de ocultar la verdad. Sin tener en cuenta de la intención, los resultados son los mismos: los ciudadanos esperan que se les diga la verdad y cuando no, sentimos que el diálogo se convierte en un fraude, en engaño.
Creemos que la razón más importante de retener información es el miedo. Otras razones podrían ser la falta de competencia, la pereza mental o la apatía, que como el mentir por omisión merece nuestra repulsa. Creemos que ponernos en esta situación raya en lo no ético, por nuestro deseo de complacer al ciudadano y hacerlo feliz. Cuando hacemos esto violamos nuestra integridad, y causamos un perjuicio a los ciudadanos. Por tanto, cuando se denuncia algo, no tenemos la tarea de controlar la felicidad, los sentimientos o reacciones de nuestros ciudadanos.