Tirando de santorales, nos hemos encontrado que Calixto es un nombre de varón de origen griego “Kalós”, que significa “el de gran belleza”. En estos días todos hemos podido comprobar la belleza del Códice. Nos hemos encontrado con la historia de San Calixto I, papa y mártir del siglo II. Nos hemos enterado de que Calixto era un esclavo del correligionario romano Carpóforo (frutero para los amigos), quién le confió una suma de dinero para la beneficencia, pero Calixto perdió el dinero en una mala inversión bancaria, por lo que tuvo que cumplir su castigo. Es que el tiempo pasa que vuela, sobre todo, en Galicia. Del papa Calixto II, en el siglo XII, que está relacionado directamente con el Códice, sabemos que fue muy conciliador y que puso fin a la querella entre los güelfos (seguidores del Papa) y los gibelinos (seguidores del Emperador) por el tema de las Investiduras. Este compromiso fue refrendado en el Primer Concilio de Letrán. Nos resulta curioso que, con estos mimbres históricos, no se tengan en cuenta ciertas circunstancias, que dan relieve a la reciente andadura del Códice y de la suna de dinero que se ha recuperado en estos días. El autor de las sustracciones ha tenido la habilidad y responsabilidad de no haber metido el dinero en un banco, ni gallego ni hispano, ni de la España húmeda ni de la España seca; seca más que nunca. La Iglesia ha perdido más en otras operaciones, que no en otras obras. Aquí nos encontramos con la tozuda realidad, que pone las cosas en su sitio, por el trabajo magistral de las fuerzas de seguridad y orden. Nos da que pensar, sin embargo, que la Historia no tenga éxito en estos días, como maestra de la vida, al menos de la vida política. No se ha considerado en sus términos el despido laboral del autor de la sustracción. Se puede obviar, si quieren, el perdón de Jesús a Dimas en el Gólgota. No se ha aprendido a separar Iglesia de Estado y además el gesto del presidente, tan oportunista, como siempre, para los vanos discursos, ha chupado imagen que no sabemos si era propia de su dieta. Seguimos pensando que la Religión debe estar aparte de la Política o la Política aparte de la Religión. No nos gustaría que se nos gastara un siglo más sin darnos cuenta de algo que saltaba a la palestra ya en el siglo XII. Además, consideramos que el gesto del Sr. Presidente, haciéndose acreedor de la devolución del Códice, no nos cuadra ni tiene sentido, porque se la ha sustraído a la Policía. Quien tiene que ocuparse de la devolución, en cualquier caso, es una de dos: o es la propia Policía o es el autor del robo. Para colmo, este maravilloso gesto, muy mediático, por más señas, nos hace especular y hasta sospechar sobre qué tipo de Estado puede ser el que tiene el Sr. Presidente en la cabeza, ya que las dos alternativas apropiadas de devolución de este magno y egolátrico acontecimiento nos dan mucho que pensar.
Josemª. Maestro de Primer Ciclo de Primaria.
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