Se ha hablado ya tanto de Educación, que hemos perdido los referentes. Se nos dice que la gente no tiene educación, cuando estamos viendo que se nos está hablando de ciertos resultados y no de procesos. Sabemos de gente bien educada y con unos resultados catastróficos. Si nos ponemos modernos, ya sabemos que la Educación es un proceso multidireccional que no acaba nunca. Podemos analizar nuestros fallos y rectificar. Podemos pedir perdón, y no sólo por echar pelotas fuera, sino por sacar lo mejor, la amabilidad, que nos puede caracterizar y definir, aunque sólo sea en lo más profundo de nuestro ser. |
Recordemos rápidamente que educar es sacar todas las posibilidades, no de los demás solamente, sino, en general, de nosotros mismos. Desde pequeños, todos hemos ido sacando nuestras conclusiones de lo que hemos visto, vivido y aprendido. Nos hemos ido haciendo un mapa conceptual, en el que hemos ido distribuyendo todo un cúmulo de observaciones y conocimientos que nos han ayudado a salir de nosotros mismos y, a la vez, a ir aportando lo mejor que teníamos, siempre en aras de la convivencia. La verdad es que somos más educados y educables de lo que nos parece. Hasta los animales saben educarse, aunque sea sólo por salvar el pellejo. Para ellos un ruido se convierte rápidamente en una información. También una columna de humo o un olor a quemado se convierten en una información. Ante las informaciones que se forjan a raíz de los indicios, procuran actuar de la mejor manera posible. Ser educados es ser creativos, ya que los tiempos cambian y las circunstancias también. Para educarnos no tenemos que ir muy lejos, nos tenemos muy cerca y a mano. Educarnos es desarrollar una constante actitud para aprender. Nos parece que quien no aprende es porque no quiere poder aprender. Hace más de treinta años una amiga, que estudiaba en la Universidad, nos preguntó qué nos parecía un profesor que tenía, ya que en la conversación salió a relucir que ese señor profesor había sido compañero de estudios en nuestros años mozos. Le dijimos que cuando estudiante el profe en cuestión era un empollón y que dudábamos que hubiera cambiado. Cercano ya el final de aquel curso escolar, nuestra amiga nos dijo que llevábamos razón, porque en una clase de la Universidad, ante la pregunta de un alumno, el profe le contestó que eso no venía en el libro. Eran años en que maestros y profesores ya hacían en clase asambleas, coloquios, foros (de cine, de arte...). “Que por julio era por julio, cuando de verdad hace la calor”, asistimos varias veces como público a las exposiciones de los temas de Oposiciones a Secundaria. Al salir un día, una chica, que lo había hecho muy bien, nos preguntó qué nos había parecido su exposición. Le dijimos que el tema lo había desarrollado muy bien, pero que a las preguntas del tribunal se había limitado a rebobinar trozos del tema, y que no se había salido del mismo, tomando distancia y perspectiva que completaran su exposición anterior, demostrando lo que verdaderamente podría aportar con todo lo que conocía. Por supuesto que se trataba de una opinión, pero parece ser que el tribunal exigía algo más que memoria y conocimientos. Con estas dos anécdotas estamos ya situados en cómo puede funcionar un adoctrinamiento. El adoctrinamiento toma la verdad como algo cerrado, como algo inamovible y por ello se suele repetir hasta que los neófitos quedan totalmente formados. Se trata de una información que no se deforma para terminar alcanzando, a pesar del paso del tiempo, el estatus de formación. Se trata de tomar una verdad y pasarla por todas las mentes que se presten a ella y que termina haciendo cuerpo con la propia mente. En general podemos decir que en el adoctrinamiento las verdades funcionan como unos mantras, que consiguen ocupar la parte más conservadora de la mente, no dando cancha a la parte creadora del cerebro. Para la mente creadora, la verdad no es algo eterno, sino algo temporal adecuado a unos momentos históricos concretos. Nos educamos, por suerte o por desgracia, en medio de un caldo de cultivo, que llamamos desde hace ya mucho tiempo incertidumbre, porque ya se nos exige aportar y no sólo consumir. Todos sabemos que el tiempo modifica el paisaje y también la mirada. Con el adoctrinamiento tanto el tiempo como la mirada quedan congelados. Con el adoctrinamiento cualquier información se convierte en un ruido y se le desacredita. Con el adoctrinamiento cualquier información se convierte en cortina de humo para que el observador ni vea lo que puede estar claro ni pueda percibir otros olores. Podemos concluir que con el adoctrinamiento las personas no se dan cuenta de que huele a chamusquina.
Josemª. Maestro de Primer Ciclo de Primaria. |