Un vecino nuestro, que trabajaba en un banco, se prejubiló, porque estaba harto de números, de objetivos, de números que cada día tenían que ser mayores, porque sí. Era de los “pocos” que tenían que convencer a los “muchos” para que se subieran a un crucero que antes de tocar puerto naufragaría, que antes de producir beneficios engendraría pérdidas del 20 ó 40 ó 60 %. Los bancos tenían y tienen atosigados a sus “pocos” empleados para que atosiguen a sus “muchos” clientes, para que puedan ser enredados en una espiral suicida, en una bola de nieve que, como ya hemos visto, ha hecho aguas. Desde las malditas “matildes” de telefónica (para hacer accionistas a “todos” los que tuvieran unos ahorrillos), no han dejado pasar oportunidades para vendernos la moto. Todo se ha montado, aceleradamente, en la confianza ciega, aliñada con una publicidad, engañosa, que ha arrasado con todos los ahorros de todo el mundo. El capitalismo siempre va a hacer acopio allí donde huele un miserable duro. Necesita todo el dinero habido, y por haber, que es lo más peligroso. Son los “pocos” bancos los que han ido por delante de sus posibilidades, hasta invirtiendo en “numerosas” campañas publicitarias, para coger los ahorros de los “muchísimos” ahorradores, cuyos ahorros se habían fraguado precisamente por no gastar por encima de sus posibilidades. Y esto, además de más grave, nos parece más inmoral, y, sobre todo, cuando se nos echa en cara a todos que hemos gastado más allá de nuestras posibilidades. Han sido “numerosas” las campañas de participaciones preferentes que desde su tribuna de preferencia han arrojado a los leones de la especulación a los ahorradores del pueblo, que no sólo no han participado de la preferencia, sino que, como mucho, se han quedado abandonados al tendido general expuesto al sol y la lluvia, cuando no han quedado abandonados en la arena o hasta fuera del estadio y del circo. Ya nos sobran conocimientos de zoología, como para saber quiénes son los lobos depredadores y quiénes somos la presa a la que intentan convencer de que podrá entrar en el paraíso. La presa ha sido vulnerada por vulnerable. Ahora nos toca conocer dónde está el paraíso, la guarida fiscal. Para los paraísos fiscales no hay desahucios, aunque todo el mundo colme sus posibilidades de quedarse a la intemperie, en la calle. Ya ha explotado la burbuja de la confianza. Las leyes se han quedado mudas y la justicia no sólo sigue ciega, sino que mira para otro lado en lugar de mirar para adentro. La “violencia de número” se ha establecido sin correr ningún riesgo, porque sus padrinos no van a poner a disposición de las víctimas un “número” (el único favorable para el común) de teléfono a donde puedan acudir todos los que han sido agredidos. Las víctimas sólo se podrán suscribir a los “números rojos” que tendrán un alto coste, financiero, y también de lágrimas, mientras que en la vitrina de la política se expondrá una numerosa e innumerable cantidad de sonrisas, que para colmo se constituirá en un inhumano observatorio internacional, que aprovechará las “medidas (sin orden) de alejamiento”, pero para seguir siendo impunes. Constantemente se nos dice que se trata de una situación “singular”, pero todas las situaciones singulares las termina pagando el “plural” de los mortales. Ahora ya sólo nos faltaba que los “pocos” le hagan caso a Eurovegas, que viene vendiendo duros a cuatro pesetas, para que tenga una verdadera participación preferente para sacar todas las prebendas posibles, y hagan “numerosos números” con toda la violencia posible que les permita poder violentar hasta las leyes de “todos”. Esperamos que los “muchos” nos demos cuenta de que la violencia de esta ensalada de “números” (mientras que los “pocos” se solazan en sus innumerables almuerzos de negocios) nos puede condenar a una “merienda de negros”. “No va más” y, además “no hagan juego”, siquiera.
Josemª. Maestro de Primer Ciclo de Primaria.
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