Un día Pedro, harto de que cada vez que exponía alguna idea, lo callaran de mala manera, optó por lo más difícil para un aprendiz de político. Se dirigió a su armario y se puso su flamante traje Azul. El que siempre había tenido guardado y nunca se había puesto, pero que sabía que terminaría con el tiempo usando.
En ésta sociedad es más fácil estar al lado del que come jamón todos los días que del que come sopa todas las noches, después de un largo día de desesperanza por encontrar un puesto de miserable trabajo.
La moraleja de ésta historia es que en ésta sociedad se perdona todo, hasta los crímenes más horribles, pero nunca se olvida a los políticos que cambian de colores, y menos aún si lo exponen en carta abierta porque siempre habrá alguien que se lo recordará hasta el fin de sus políticos días que, por cierto, suelen ser los más efímeros.
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