No vamos a tener más remedio que pensar que esta saga, que no cesa, de artículos va a seguir teniendo futuro. Podemos echar una ojeada al pasado y al presente. Hemos sabido que el poder civil (no decimos político para que no suene despectivo) no ha dado su permiso a una manifestación laica para el Jueves Santo, en Madrid. Recordamos que un Viernes Santo unos cursillistas de Deportes fuimos a tomar un aperitivo, como todos los días, y nos encontramos que no nos servían un montadito de lomo. Pensamos que eso eran cosas del franquismo y dijimos que, si era fiesta, podrían haber cerrado el bar. |
Mucho antes, en los años cincuenta, un amigo y yo estuvimos, laicamente, en un partido del Málaga, en la Rosaleda. Recuerdo que era Jueves Santo, porque al volver entramos en el convento de Nuestra Señora de la Merced y Santísima Trinidad, de la Cruz del Molinillo, para visitar lo que llamábamos “Los Sagrarios”. Es curioso que fuéramos tan católicos y laicos a la vez. Como teníamos que estar pronto en casa, no nos dio tiempo a hacer las siete visitas que eran preceptivas para ganar las indulgencias. Ahora pensamos que nos quedamos igual que los pueblos que tienen menos de siete iglesias. También en Semana Santa, poníamos pequeños petardos debajo de las sillitas de las procesiones para asustar a las niñas. Ya apuntábamos maneras. También era curioso que los estertores de las bandas de tambores y trompetas armaran mucho más ruido, y, sin embargo, todos tan contentos con las fiestas de primavera. Lo mismo éramos unos santos laicos, ya que teníamos ánimos y arrestos para todo. Con la cantidad de tiempo que le hemos dedicado en nuestras oraciones a la conversión de Rusia, y va, y en vez de convertirse al catolicismo, se nos convierte al capitalismo. Lo mismo es que nos ha flaqueado la fe. Para preservar la fe nada como el poder civil. Una vez puestos, en Madrid podrían pedir el carné religioso para asistir a las procesiones. También se podrían negar los permisos a las cofradías para que monten casetas en las ferias. Ahora en el presente, debido a nuestra madurez política podemos tener las fiestas en paz, porque todas las jornadas (más una) de las JMJ de este verano pasado en Madrid fueron totalmente respetadas. Solamente no se respetó la manifestación laica anterior. Siempre nos preguntamos: “¿Por qué teméis, hombres de tanta fe?”. Esta nuestra piel de toro, que es España, parece que sigue siendo un curtido poco flexible. Lo mismo es que por ser ya una piel, ha perdido la cabeza. Tampoco sabemos si ha perdido la cabeza a base de tanta fe. De todos modos podemos probar a una convivencia en paz, sin prejuicios ni atavismos ni maniqueísmos ni enfrentamientos. Sobre todo ahora que esta piel de toro, que por serlo ha perdido la cabeza, nos puede alegrar a todos, porque está en las mejores condiciones para no embestir.
José Mª. Maestro de Primer Ciclo de Primaria |