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"Salvador Távora: El sentimiento trágico de Andalucía"
Tatiana Diaz. 19.03.12 
Compartir estas líneas del libro "Salvador Távora: el sentimiento trágico de Andalucía" publicado en el 2005 por la editorial Andalucía abierta.
Y es que conocer la historia de Andalucía por sus protagonistas te da destrezas para poder comprender el gran puzzle que es el mal denominado "Cortijo andaluz".

..."Duele recordad porque la memoria puede dejar sabor de acíbar. Yo no tengo recuerdos de la Guerra Civil, pero sí muy vivos de la postguerra en El Cerro del Águila. La Sevilla de la Guerra Civil es un trágico libro de fosas, de represión, de tintes de lutos que prohibía el general Queipo del LLano, el virrey de Sevilla, de silencios, de cárceles - el cabaret de Variedades, el cine Jaúregui, la comisaría del Gran Poder- en las que se hacinaba la historia obrera y la intelectualidad republicana en noches de horror. Los charcos junto a las tapias del cementerio jamás se secaban de la sangre coagulada y abstracta. Pero, al mismo tiempo, la Sevilla en la que crece Salvador Távora es la capital dela retaguardia de los militares sublevados, una ciudad de alegrías postizas que se convierte en burdel para los nazis alemanes, los fascistas italianos y los moros de la Legión.
Nada queda ya de la ciudad que fue alegre y confiada en los años veinte, cuando se preparaba para la Exposición Iberoamericana de 1929 y el dictador Primo de Rivera-marioneta de Alfonso XIII- la escogía como escaparate del régimen. Aquella ciudad, que intentó ser cosmopolita sin abandonar su casticismo provinciano, se nutrió de miles de obreros que llegaron de los pueblos para las obras del certamen. Fueron tiempos de espejismo. Al concluir la Exposición, el paro y las deudas de los fastos provocaron una decadencia imparable. La Segunda República, época convulsa por sus intentos de reforma y cambios del país, tuvo además que asumir esas cargas.
Precisamente, en los años veinte es cuando se crea el barrio que servirá de partitura dramática al niño Salvador Távora. Es uno de esos lugares lejanos del centro histórico, creados por el Ayuntamiento para que no salieran los andrajos en la postalita turística que se fraguaba para la exposición. El Cerro es en esa época un lugar inhóspito ubicado en la zona conocida como Cortijo de Maestrescuela, donde alguna vez incluso hubo águilas. Si embargo, no tiene nada que ver con otras geografías de la miseria donde se acumulan chabolasde desheredados: Villalatas, Amate, Burón, la Huerta del Fraile, la carretera de la Pañoleta. El Cerro fue un intento de agrupar a las familias de poco recursos por medo de la cesión gratuita de terrenos para la autoconstrucción. Buena parte de los vecinos eran obreros de la construcción que se edificaron sus propias casas en una reinterpretación de hogares rurales en medio de la sordidez urbana. El Cerro fue parcelado en 1922 por Juan talavera Heredia, uno de los arquitectos sevillanos más importantes de la época y, junto a Aníbal González y otros, creador de esa particular corriente arquitectónica llamada regionalismo que intentaba rescatar movimientos artísticos del pasado- desde el gótico al barroco pasando por el plateresco- y que tuvo en la Exposición del 1929 su principal escaparate.
La lejanía de la nueva barriada con el centro y el desdén con el que las autoridades trataron a estos nuevos paisajes urbanos hizo que El Cerro naciera con los mismos problemas que el resto de zonas obreras surgidas extramuros de la ciudad a comienzos del siglo XX: la ausencia de alcantarillado, alumbrado y transportes.
El Cerro fue un islario en el que se desarrollaron curiosos espacios de sociabilidad luego incrementados por la creación tras la Guerra Civil de la fábrica de Hytasa, (donde actualemente está el Teatro Távora y la Consejería de Empleo), donde comenzó a trabajar muy joven Salvador Távora. Este barrio de aire rural, con pequeñas casitas individuales y una disposición de manzanas ordenadas geométricamente, apartado del centro de Sevilla y luego dependiente de una fábrica en la que trabajaban casi todos los vecinos, influyó en la idiosincrasia de sus habitantes. Y Távora no fue ajeno a esa atmósfera de pueblo dentro de una ciudad, barrio casi autárquico y símbolo de un tipo de clase obrera surgida en buena parte de los flujos migratorios del campo a los prometedores nuevos "paraísos" de la ciudad moderna".


Dedicado a los buenos padres de familia que hacen lo que haga falta por los suyos, y en especial, a Manuel nacido en El Cerro y desde hace unos años, vecino de Alhaurín de la Torre.

"Si quieres saber más léete un libro"

Un saludo, Tatiana Díaz

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