  Espectacular, espontáneo, atrevido, explosivo. En la noche de ayer 16 de marzo, sobre el escenario de la Peña Flamenca “Torre del Cante” dio un recital como nunca antes había escuchado cantar a este gitano jerezano que se llama Juan Moneo “El Torta”. La actividad fue organizada por un aficionado amigo del cantaor, Andrés Bermúdez, y con la colaboración de la peña flamenca. El cantaor local Jesús Jiménez hizo de telonero acompañado por la guitarra del sobrino de “El Torta”, Juan Manuel Moneo, y supo templar el ambiente previo captando la atención del público presente. |
Aparece Juan sobre el escenario con semblante serio. Sus ojos denotaban la intensidad de los molestos los focos. Se acomoda. Comienza. Arrancó con unos tientos tangos donde ya dejaba asomar parte de lo que vendría después. Continuó por alegrías, fandangos y soleá, cerrando así la primera parte. En la segunda empezó a intimar con el público dirigiéndose a él en tono cercano y cantó por bulerías en dos ocasiones. Todo a su aire, con mezclas explosivas y estallidos que levantaba a los aficionados de los asientos. Con arrojo y no pocos tintes de locura Juan se entregó a medida que pasaba la noche y terminó la actuación con unos tarantos dedicados al maestro Manuel Moreno “Moraito Chico” recientemente fallecido que hicieron emocionar tanto al público como al propio Juan que, emocionado, abandonó el escenario en ese mismo instante y dio por finalizada su actuación. Juan tiene días y días. Y hay que entenderlo. Es un cantaor de esos que no canta de forma monótona ni canta a la hora que sea y que, aunque cante lo mismo, nunca suena igual. Es caprichoso, es genuino y guarda en su voz, su conocimiento y su personalidad algo único que escasea en el panorama flamenco actual. Resultó que ayer, pese a la ciática que padecía, Juan se comportó como lo que es: un artista de los grandes que derrama paladar y gitanería a raudales. Sus arranques, viscerales a la par que atrevidos, sobresaltaban continuamente a la afición por lo inesperados y valientes. Y quiso compartirlo con el numeroso público que lo acompañó (la peña estaba a rebosar de aficionaos de aquí y de allá) y que, pese a la incertidumbre a la que nos tiene acostumbrados, siempre lo seguimos. Público incondicional se llama eso. Encontrarte frente a un cantaor de tal magnitud, originalidad y sello no es común en estos momentos de sequía y en los que tantos sucedáneos van apareciendo tan insípidos como molestos. Ahora y siempre, escuchar el cante de Juan Moneo “El Torta” es un deleite que se saborea en contadas ocasiones. Y ayer fue así.
María Donaire Peña Flamenca Torre del Cante |