Loquillo asegura sentirse pleno y dichoso. Es su cuarta gira por teatros, y la enésima vez en la que se hace arropar por los versos. De hecho, el rockero de Barcelona asegura retomar una tradición iniciada por Alberto Cortez, Amancio Prada y Paco Ibáñez. Con este espíritu nace el proyecto A solas, concebido para ser escuchado en espacios íntimos, y en el que el artista catalán muestra su pasión por una música en la que conviven géneros diversos como rock, jazz, swing, folk, estética retro y actual a la vez, sin perder su dimensión contemporánea. Todo ello con un acompañamiento musical ideado expresamente para la ocasión y basado en batería, bajo y contrabajo, piano, órgano y sintetizadores, violín, guitarra acústica, mandolina, guitarra sintetizada, loops e instrumentos variados. En total, seis músicos en escena arropando la voz de Loquillo.
Una parte del recital de mañana estará consagrado a repasar su último proyecto, Su nombre era el de todas las mujeres, en el que canta sobre los versos de Luis Alberto de Cuenca, un poeta que ya prestó sus letras para la Orquesta Mondragón. Precisamente Loquillo recordaba hace poco que uno de esos temas cantados por Javier Gurruchaga, “Hola, mi amor, yo soy tu lobo”, era la ‘sintonía’ con la que le despertaban en el cuartel. Balmoral, Mujeres en pie de guerra, La vida por delante, Con elegancia y 9 tragos son otros de los álbumes en los que el espigado cantante barcelonés ha recurrido a célebres poetas, y que formarán también parte del repertorio. Y es que para Loquillo, poesía y rock son uña y carne: asegura que Gil de Biedma hablando del submundo de Barcelona es comparable a Lou Red cantando sobre su mundo neoyorquino. “Odio el rock que no ha salido de la caverna”, asegura tajante.
Loquillo
Icono del rock cuyo tesón y capacidad para reinventarse le han mantenido 30 años en lo más alto, Loquillo (Barcelona, 1960) es mucho más que un cantante de rock and roll al uso. Este forajido de lo convencional, incombustible, disciplinado, insurrecto, ha sabido hacer una carrera sólida a su imagen y semejanza, junto a su banda de toda la vida, Los Trogloditas, o en solitario, con las letras de Sabino Méndez o las de Gabriel Sopeña, renovándose, arriesgándose y siendo fiel a sí mismo.
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