Así rezaba el dicho en las camisetas del club de fans de Diana Navarro en el concierto que tuve la suerte de disfrutar el pasado viernes 14 de julio en un marco incomparable como es el castillo “Sohail” de Fuengirola. Describir el concierto es fácil, simplemente con decir que fue espectacular dentro de su sencillez y buen gusto de la puesta en escena bastaría, pero… describir a la artista, eso es otro cantar, y nunca mejor dicho. |
Bajo mi punto de vista podemos estar ante una de las voces más impresionantes de este país. A la entrada al castillo, por cierto decorado espléndidamente (la ocasión lo merecía), nos entregaron un programa acerca de la artista donde se podían leer unas líneas sobre la misma a manos de mi admirado periodista malagueño Domi del Postigo, frases llenas de sentimiento y admiración por una artista en el sentido más apasionante de la palabra: “sus sonidos son los de una sirena de carne y grito que te atrapa y te sube a lomos de un dragón verde y morao, los colores de su tierra malagueña” y es cierto, desde el momento en que aparece en escena y lanza su primer “garganteo” te deja helado, como si estuvieses herido y alguien acariciase tu alma para sanar tu dolor. Sus canciones fueron objeto de aplausos interminables, su derroche de voz fue acompañado por olés llenos de verdad y sentimiento, escuchar a Diana es disfrutar de la esencia de nuestra tierra sin dejar atrás ni una sola de sus virtudes, el mar, la copla, la saeta, la elegancia de la mujer malagueña y esos jipíos que de vez en cuando te acercan a nuestro mítico Antonio Molina y todo ello aderezado bajo el manto del buen gusto, la sencillez y la grandeza de una mujer que tiene los pies en la tierra, que no ha sucumbido a los caprichos vanidosos de la fama, una mujer que recibe a sus admiradores como el que recibe a un amigo en su casa, ¡que fácil es ser grande! Cantó las canciones de su disco “No te olvides de mí” y tuvo el hermoso detalle de cantar “Déjala correr”, una canción de su admirada Rocío Jurado en compañía del piano magistral de Chico Valdivia, además del bonito gesto de interpretar la “Salve marinera” conocedora de estar en tierra de pescadores, como su padre "El Morralla”. Y como colofón a una noche mágica, la Saeta, sobrecogedora. Poco más puedo decir sobre Diana navarro, hermosa como artista y como persona, grande en todos los sentidos, generosa con su público y cercana, muy cercana. Has dado en mí, Diana. Que sigan tus éxitos.
P.D.: Aviso a navegantes, en Alhaurín tenemos un entorno impresionante como la finca “El Portón” donde podrían actuar artistas como Diana Navarro, ¿por qué no intentarlo? |