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Educándonos para la convivencia | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 11.02.12 | | Sin pausa, porque van a toda prisa, como si tuvieran inscrito en la mente la obligación de adelantar las elecciones, va el gobierno a todo trapo a hacer de su ideología una institución, en vez de hacer de su actuación un servicio a la ciudadanía. Ya está pontificando con su discurso y convirtiendo todos los puentes, diálogos, en horcas caudinas. Las declaraciones del ministro de Educación, que, considerando que todos los españolitos de a pie estamos asediados por el adoctrinamiento y declarándonos víctimas de una moral cívica que no es la suya ni la correcta, ha resucitado el espíritu de la inquisición y ha “mandado” a la hoguera unos textos que, dicho sea de paso para no ofender, son ajenos al currículum de la “Educación para la Ciudadanía”. | “Educación para la Ciudadanía” es una propuesta más que un texto, que puede salvarse muy bien de la quema ahora, pues había consenso, y podrá hacerlo más adelante, aunque se cambie la Constitución. La reforma y reescritura de la Constitución es un cambio que ya nos está haciendo falta para poder desterrar ciertos prejuicios y liberarla de las tutelas bajo las que vio la luz. Ya que en aquellos tiempos no se conocía la píldora del día después, la Constitución tuvo un alumbramiento que a todas luces nos mostraba sus deformaciones congénitas no sólo heredadas de sus padres, sino también de sus padrinos. Esta Constitución no puede quedarse como está, después de más de tres décadas de vigencia. Hay que dejarla crecer, y que recoja el aire libre de la calle, del campo y de la playa, que aprenda de la cantidad de libros que se han editado desde entonces, que no se asuste de la diversidad humana que le pasa por delante de los ojos. La Constitución tiene que crecer en “bondad y sabiduría delante de Dios y de los hombres”. La Constitución es un cuerpo que tiene que crecer en derechos, cortarse las uñas de los privilegios, ser amable con todos, después de lavarse bien la cara para ser atractiva a toda la ciudadanía. En estos tiempos que corren y que además lo hacen a bastante velocidad, la Constitución no puede quedarse estancada en un puesto de abastecimiento y seguir mirando para atrás, seguir ingiriendo viandas rancias y pasadas de fecha ni chuparse los dedos con melazas que ya nos amargan. Como dice el profesor Antonio Huertas en su libro Sexo, lenguaje y pensamiento, “la primera lección de Educación para la ciudadanía” tiene que conseguir que “el hombre supere la vida de la estepa y pase a convivir en la vida urbana, civilizada, que era la única digna de ser vivida”. Sin embargo, no queremos con esto menospreciar la vida de aldea y alabar la vida ciudadana; es decir, invertir los tópicos de Fray Antonio de Guevara. Se trata más bien de desechar los guetos, de abandonar la estepa tan árida y estéril y pobre. Se trata de que en esta aldea global todos seamos ciudadanos de plenos derechos, sin olvidos, sin asimetrías culturales ni económicas, sin prejuicios, sin antojos de grandeza, sin antagonismos urbanos ni suburbanos... Educándonos para la convivencia no permitiremos bajar el listón, pero tampoco impediremos que quien quiera dar más (citius, altius, fortius) lo pueda hacer. La generosidad no tiene que ser sospechosa. La convivencia no debe alimentarse de trampas. Cuando nos llegan noticias de la Educación en Finlandia, por ejemplo, no nos caben grandes dudas de que estamos hablando de un pueblo educado, con una ciudadanía, que no repara ni pierde el tiempo en discutir los derechos de las ideas, sino que nos habla de los derechos de las personas y de la educación de un pueblo que coge de lleno desde el más pequeño al más grande. Como nos recuerda el profesor José Antonio Marina: “Se trata de que todos los alumnos conozcan y practiquen las reglas para una convivencia pacífica y justa”. Pero tenemos que añadir que, quienes no han tenido la suerte de educarse en “la convivencia pacífica y justa”, quienes ya no son alumnos, pueden recoger el beneficio de la educación permanente y no quedan exentos de seguir un comportamiento respetuoso con la ciudadanía, no mintiendo ni engañando a un pueblo que tiene otras preocupaciones mayores, que no tienen nada que ver con discusiones bizantinas, que llenan de cortinas de humo la convivencia y que por ello la hacen menos respirable. . Josemª, Maestro de Primer Ciclo de Primaria |
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