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Educando para la paz | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 04.02.12 | | Una vez más nos encontramos entre los entresijos de la Educación para la Paz. La Educación para la Paz nos llena la boca y nos sabe bien a todos. Una vez más hemos celebrado el “Día Escolar de la no violencia y la Paz”. Es un día en que los escolares se lo pasan de maravilla, pero no podemos bajar la guardia pasada esta celebración. El día a día nos presenta una cantidad de retos que se concilian poco con la convivencia en paz. Es la educación, la madurez mental y comportamental la que nos brinda una convivencia en paz. | Esta semana hemos asistido a un variopinto espectro de oportunidades para poder hablar de la Paz. Sin ir más lejos hemos participado en una conferencia y debate sobre la paz de Yugoslavia, hemos sido testigos, una vez más, de la complejidad de los conflictos: las etnias, las lenguas, las historias, las religiones, las geografías, las fronteras y, como colofón, la irrupción de los estados étnicos, el resurgir de los nacionalismos, que han maltratado a toda la gente, sobre todo al pueblo que lo que quiere es vivir en paz y al que le sobran todos los conflictos y todas las guerras. Las guerras nos sobrevienen por intereses que, directa o indirectamente, se alimentan de una economía de guerra, que es la que blande su espada de hegemonía sobre nuestras cabezas. Educando para la Paz, que es gerundio y por ello nos es urgente. Educando para la Paz es un quehacer diario, desde pequeños, desde la familia, desde la calle, desde la escuela. Educando para la Paz nos exige desde el primer momento salir de las trincheras del adoctrinamiento y cuidar el flujo de la vida, sin que nuestros hijos sean alimentados con prejuicios, con celos, con envidias, con tomas de partido, que al final acabarán partiéndole el alma, dejándolos a la intemperie de los acontecimientos. Educar para la paz es hacer un recorrido pacífico por las actuaciones de cada día, desentrañando la cantidad de fórmulas propagandísticas cuyo denominador común es hacernos sentir insatisfechos eternamente. Fórmulas que encierran una matriz competitiva, insolidaria, consumista, incluso de eslóganes. La paz no viene cifrada en bellas frases, aunque, en verdad, nos ayudan, porque no nos sentimos solos en nuestro intento de conseguir una buena convivencia. La paz no es lo que vivimos en nuestros años escolares, en plena dictadura, en los que no nos movíamos, por temor al palo. La paz no puede ser una imposición. A través de los años hemos podido ir comprobando que lo que la niñez y la juventud necesitan es una educación que les permita tener experiencias positivas en su diaria convivencia, experiencias positivas que les hagan crecer en la confianza y el compañerismo, en tratarse bien día a día y experimentar en cada piel la alegría de la vida en común. Nos educamos en la paz, construyendo la paz. No nos la concede nadie. La vida en común es un crucero al que no les faltarán estaciones del “vía crucis” personal que a todos se nos presentan, pero que no nos dejarán clavados, porque contamos con las ayudas de los demás. La resolución pacífica de los conflictos se aprende día a día, codo con codo y desterrando todos los modelos violentos que se nos muestran continuamente. La paz es una propuesta para aprender a ponernos de acuerdo. En la conferencia sobre la guerra de los Balcanes, nos pusieron un video de la canción “Miss Sarajevo”, que nos alertaba a dónde no teníamos que llegar, a la vez que nos invitaba a una convivencia que lo mismo nos podía permitir tener “momentos para distintos colores, como para distintos nombres difíciles de pronunciar...para las Primeras Comuniones, como para girarse hacia la Meca...” Educando para la paz es una apuesta que no tiene desperdicio ni prejuicios. Josemª Maestro de Primer Ciclo de Primaria. |
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