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Educar a "Costa Concordia" | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 22.01.12 | | Siempre es más fácil ver los toros desde la barrera, la calle desde la azotea, los barquitos desde la costa... Pero resulta ejemplar cuando la gente se implica y, frente a las alarmas, se mantiene el pabellón humano bien alto, aunque los vientos sean contrarios. Ya está casi todo dicho sobre el “Costa Concordia”. Cuando el barco de los mercados se estrella por su autosuficiencia y engreimiento, cuando hace aguas, es el pueblo el que acude, hasta se lo quita de la boca y no usa su boca para decir que ha naufragado un barco de señoritos, de ricos, sino que echa manos a la obra, sin reparar en los letreros que “prohíben el paso a toda persona ajena”, y se enajena por ayudar a los náufragos. También los trabajadores asalariados (los músicos), que organizan y ayudan, y también el funcionariado (los bomberos, los buzos), que se echa a la mar, consciente de que a mar revuelto no hay ganancia de pescadores, como pasa en todas las sesiones de bolsa. | ¿Qué hubiera sido del “Costa Concordia” si hubiera estado en manos de los mercados? ¿Habría que haber esperado a los consejos de administración? ¿Habría que haber esperado a las calificaciones de las agencias? ¿Habría habido que sospechar de los rumores? Ya sabemos que los mercados son refractarios a la educación, a ponerse en lugar de los otros, a comprender y ayudar, si no sacan tajada. Los mercados son precisamente los que con sus caprichos empobrecen a los pueblos, ignoran lo que significa la palabra “concordia” y operan a “costa” de los demás. Los mercados han sido ajenos a la psicomotricidad libre, al juego libre de las calles, a una educación popular (Freinet) y ahora necesitan de una terapia costosísima, que viene cifrada en la cantidad de naufragios provocados, que dejan indefensos a los trabajadores y a los pobladores de países enteros. Si se están quedando con todos los recursos, no podrán quejarse de que el consumo se venga abajo. Si se quedan con los recursos, ya no tienen tiempo ni espacio para gastarlos y se hundirá el barco con todas sus pertenencias en las cabinas y camarotes ocultos y bajo las aguas perderán todo su valor y su memoria. Ya está casi todo dicho sobre el “Costa Concordia”. Los naufragios siempre se han solucionado a “costa de la concordia” del pueblo. La cordialidad de los pueblos ha levantado los monumentos a su propia humanidad. La cordialidad de los pueblos ha sido más tozuda que la rivalidad, a pesar de la ingente cantidad de recursos que se destinan a propaganda que quieren convencernos a contraviento y marea y naufragio de que los seres humanos somos competitivos en vez de competentes, agresivos en vez de cordiales, belicosos en vez de conciliadores. Esta actitud humana educada y educativa no impide que sean los mercados competitivos, agresivos y belicosos. Ya está casi todo dicho sobre el “Costa Concordia”, pero este naufragio ha tenido la suerte de haberse encontrado con un “corazón repartido”, como nos dijo P. Neruda: “Pero yo recogí con creces la bondad de amigos y ajenos. Me recibía la bondad por donde pasé caminando y la encontré por todas partes como un corazón repartido”. Este naufragio ha tenido la suerte de encontrarse con la humanidad, que, dicho sea de paso, va toda en el mismo barco. Este naufragio ha tenido la oportunidad de poder reconocer que el pueblo ha llevado a cabo una gran gesta, ha realizado una operación, nunca mejor dicho, “a corazón abierto”.
Josemª Maestro de Primer Ciclo de Primaria. |
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