No todos los días nos levantamos por los pies de la cama. Menos mal, porque de hacerlo significa que ya iríamos de cabeza para una temporada. Por todo ello podemos seguir considerando que la educación es algo capital; tan capital que nos trae muchos quebraderos de cabeza. Siempre nos gusta mantener las distancias, sobre todo, entre los pies y la cabeza. Siempre se suele decir que hay que tener la cabeza caliente y los pies fríos. No pueden los pies desbocarse, salir a tropel para darnos tropecientos golpes en los pies y también en la mismísima cabeza y precisamente porque la cabeza está que bulle. |
Los problemas nos vienen, cuando los intereses particulares y partidistas tiran de la cuerda y nos ahogan una educación pública hasta irla dejando en la inanición. No nos podemos permitir una educación pública famélica, como la que tuvimos en los años cincuenta, con la coartada de la crisis actual. Detraer recursos públicos de la educación pública y reconducirlos a los centros concertados y privados, quizá sea primar y “privar” demasiado hasta dar en una euforia etílica de poder, paternalismo, injusticia y clientelismo, que con el tiempo resulta engañosa para todos. No podemos confiar en mirarnos en el espejo exitoso de las promesas, de la eficacia y eficiencia prometida por los políticos, que nos prometen trigo (¡Qué bien predican!), pero nos niegan el pan y la sal. Ya han empezado a congelarnos salarios y nos sabrá soso el pan, el de cada día, que nos llevamos a la boca. La coartada siguiente será que, como el pan está soso, y no consumimos tanto pan, entonces se hará lícito el recorte del pan. La educación es capital. La educación es un caudal de sabiduría y un caudal de conocimientos. Quizá no sea rentable para el poder que el conocimiento y la sabiduría estén tan repartidos. Así nos encontramos con que nos inundaron de palabras que no significaban nada, que sólo promovían el odio a los otros, el cambio por el cambio. Ahora estamos viendo que eran abstracciones sin ningún compromiso ni concreción. Ahora estamos viendo que en lo que fueron un poquito concreto, ya lo están desdiciendo con lo que hacen y con lo que dicen. Podemos imaginar qué nos pueden hacer con lo que no concretaron. Habrá que estar muy atentos a las cartas que guardan en la manga, pues ya tenemos elementos para sospechar que no juegan limpio. La educación tiene que seguir siéndonos capital. No podemos renunciar a una educación para todos, que contrarreste los desvaríos publicitarios o políticos. La educación es capital: la educación es un caudal y, sobre todo, un caudal humano que abre un manantial que se encarga de ampliar y extender los conocimientos, de conducir las emociones, de reconducir los sentimientos y de desarrollar los afectos La educación que comprende al otro, que se pone en el lugar del otro, hará unos ciudadanos que no sean exclusivos ni excluyentes, unas personas inteligentes y capaces y, sobre todo, un pueblo que exija una educación democrática, una educación que no sea una pena y, por supuesto, que la educación pública no sea una pena capital.
Josémª Maestro de Primer Ciclo de Primaria.
|