Allí nos encaminamos dispuestos a visitar las tumbas de personajes históricos como Miguel Ángel Buonarroti, Galileo Galilei, Maquiavelo, etc. Tuvimos mala suerte porque una de las cosas más bonitas era el altar mayor que estaba en restauración, pero pudimos visitar las numerosas capillas que encontramos a su alrededor y tienen un valor artístico importante. La fachada de la Santa Croce también era de mármol como si hubiera un consenso para armonizar las iglesias de la ciudad. El interior de la iglesia nos reservaba otras sorpresas. En su interior albergaba una escuela de curtidores, lo único es que a los que uno puede ver trabajando son auténticos profesionales que fabrican bolsos y cinturones que habíamos podido ver en los mercadillos callejeros. Desde luego estaba más orientado a la venta que a la visita de un taller de curtidores de piel, pero iban de la mano ya que el trabajo de los profesionales eran el gran gancho para la venta. También era interesante el museo que había en su interior, con dos crucifijos medievales hecho en madera, incluido el cristo, en plano al estilo cristiano ortodoxo. Pero la obra que nos llamó la atención fue la obra "El descenso de Jesús al Limbo" de Agnolo di Cosimo di Mariano apodado Agnolo Bronzino, del siglo XVI. Nos sentamos unos segundos ante ella, absorbidos por la mirada del único personaje del cuadro que mira al espectador. Enigmática. También por los personajes diabólicos que observaban la escena en el lado superior izquierdo, seres sacados de una película de animación. Abandonamos el interior y nos encontramos con los claustros, unos lugares que a mi siempre me han dado tranquilidad, más que las iglesias en sí.
Dejamos la Santa Croce y fuimos en busca del Palazzo Vecchio, nuestra siguiente visita. Antes, decidimos evitar pasar hambre a destiempo y comimos en un pequeño garito, cerca de la Logge del grano, si no recuerdo mal llegamos caminando desde allí a la Piazza della Signoria. Allí nos tomamos una porccheta, lo que viene siendo un bocata con carne de cerdo y un plato de pasta acompañado de vino toscano para no variar, mientras, observábamos las fotos que el dueño tenía con Lenny Kravitz una vez que estuvo en Florencia y apareció por allí. No sabemos que comió. Fue bueno, barato y educativo ver el comportamiento de aquel señor mayor y amable. Algún Florentino se coló por allí y charló con el propietario amistosamente lo que hizo que dejáramos de sentirnos turistas infames, pero una mijilla nada más . Otro día pasamos para cenar pero había otro ambiente y nos gustó un poco menos. Estábamos en la cola de la taquilla para entrar al Palazzo Vecchio cuando algo llamó nuestra atención. Por el mismo precio de la visita por libre había a las cuatro de la tarde una visita guiada en castellano, así que la reservamos y dimos una vueltecita para hacer tiempo. Llegamos puntuales y nos una chica española muy vehemente en su forma de comunicarse. Tuvimos que esperar un poco a un grupo de trece personas que también habían reservado la visita. Resultaron ser tres familias mejicanas con niños, lo que en contra de lo que cabría pensar animó la visita ya que la guía orientó la visita a los niños haciéndola más amena. Fue un acierto porque nos gustó mucho más el palacio de lo que lo habría hecho si hubiéramos ido por nuestra cuenta. Unos números para demostrarlo, tardamos un par de horas en hacer la visita cuando habríamos tardado media hora yendo solos. Además, la guía nos reservó una sorpresa. Visitando la sala de los mapas la guía rebasó la baliza de seguridad y para nuestra sorpresa nos abrió la pared y descubriéndonos un pasillo secreto. Mis sueños de niño hechos realidad. El pasillo nos llevó a una habitación secreta donde al parecer los duques de Florencia tenían sus encuentros amorosos. Pero la cosa no quedó ahí, la guía nos enseñó una ventanita que al abrirla daba al salón de los 500, donde se reunían los órganos de gobierno y el propio duque para sus reuniones políticas. Desde allí los espiaban para saber las decisiones que se tomaban. Lo dicho, un sueño de niño hecho realidad. De vuelta al hotel tomamos el aperitivo a modo de cena, un spritz y el buffet del local, no resultó tan barato como en Siena, pero disfruté, reconozco que soy un fan del aperitivo italiano. |