La verdad es que me pasé un poco y le dije que no tenía vergüenza. Me miró fríamente y empezó a rellenar otra denuncia, alegando que, además, el coche llevaba los neumáticos en mal estado.
Entonces levanté la voz para decirle que me había percatado de que estaba tratando con el rey de los tontos del culo, que cómo le habían dejado entrar en la Academia de Policía.... Él acabó con la segunda denuncia, la colocó debajo del limpiaparabrisas, y empezó con una tercera.
No me achiqué y estuve durante más de 20 minutos llamándole de todo. Él, a cada insulto, respondía con una nueva denuncia.
¡Suerte que el coche no era mío: yo había ido en autobús! Desde mi jubilación, ensayo cada día cómo divertirme un poco. Es importante a mi edad.
Enviado a Alhaurin.com por José María Barrionuevo |