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Una inscripción en la pared
Historia de un viaje por la Toscana
Capítulo 4: Toscana para cinéfilos
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Víctor Frías. 20.11.11 
Nos alojábamos en El Hotel Montaperti que estaba en la "aldea" de Cassetta a unos 17 km de Siena lo cual, en principio, tenía sus ventajas e inconvenientes, más que nada porque pensábamos salir por Siena alguna nochecita a ver el ambiente. Sin embargo, este problema quedó en un segundo plano ya que con el coche se tardaba poquito en llegar. Por otra parte su ubicación resultó perfecta como punto de partida para las rutas toscanas que teníamos pensadas, con unas instalaciones y habitaciones en muy buenas condiciones y barato para lo que habíamos podido ver por Internet. En definitiva, estábamos contentos con nuestro alojamiento. Después del desayuno salimos en dirección a Arezzo, famosa por haberse rodado en sus calles la película "La Vida es Bella" de Roberto Begnini. Llegando a Arezzo empezamos a no hacerle caso al GPS y a seguir las indicaciones de centro ciudad, a día de hoy no sé si acertamos.
Aparcamos el coche en una zona de aparcamientos en los límites de la antigua muralla medieval, o lo que queda de ella, muy cerquita del anfiteatro romano. Arezzo er una ciudad grande y desde allí a la parte medieval tuvimos que dar un paseíto, aunque resultó agradable. Mi plano impreso en casa nos llevó a la Catedral, el punto más alejado de la ruta con la idea de ir regresando hacia el coche a la vez que turisteábamos por la ciudad. No resultó demasiado impresionante, al menos para mi.
 
En segundo lugar llegamos a la Piazza Grande donde los coloridos escudos heráldicos colgaban de las fachadas como si en cualquier momento fuese a celebrarse una justa o torneo. Descubrimos se celebra una fiesta en esta plaza que la llaman "Giostra del Sarracino"  Todo el pueblo participa vestidos con trajes medievales, y los caballeros libran una justa a caballo lanza en mano contra un muñeco que hace de Sarraceno o moro..
 
Desde allí buscamos el Corso Italia, por el que haríamos el camino de regreso a nuestro coche rectito, rectito. En esta calle y junto a la piazza grande está la Iglesia de Santa María della Pieve, cuya fachada despista un poco porque no es la de una iglesia al uso. Parece más un edificio civil (medieval eso sí) si no fuera por su torre, que a mi me llamó poderosamente la atención. Su interior me descubrió una estructura diferente respecto de las iglesias que había visto hasta el momento. Consistía en un primer nivel a la entrada de la iglesia desde el que se accedía a un nivel inferior y otro superior ambos a distinto nivel del principal, de modo que no al entrar no me encontré un altar mayor como esperaba sino estos dos niveles. El nivel inferior venía a ser como una pequeña iglesia dentro de la principal, con un pequeño bosque de pequeñas columnas tras la que sí pude encontrar un pequeño altar. Puro medievo. En la parte de arriba también había un altar y el órgano. Antes de abandonar Arezzo vistamos las ruinas del anfiteatro romano de la ciudad, del que no queda gran cosa pero resulta interesante para cualquier amante de la arqueología y el imperio romano. 
 Seguimos nuestra ruta que estaba impregnada de tintes cinéfilos. Nuestro destino era Cortona, el pueblo donde se había rodado la película "Bajo el Sol de la Toscana". La primera toma de contacto con Cortona fue la piazza Garibaldi desde la que disfrutamos de una magnífica del Lago Trasimeno donde nuestra ruta nos llevaría después. En seguida nos metimos de lleno en Cortona paseando por la Via Nazionale. Paseando por ella mi mirada se desviaba hacia los callejones que nacían de ella, estrechos y empinados. En muchos de ellos había exposiciones de pintura, así como galerías de arte. Me pregunté si aquel influjo artístico provenía de la influencia que la película habría tenido en el pueblo, llenándolo de artistas frustrados que, inspirados por la película emigraron a la Toscana en busca de una vida mejor. En cualquier caso, en Cortona también disfruté del carácter medieval de los pueblos Toscanos, practicando en sus calles el deporte más recomendable si estamos en esta región italiana, caminar sin rumbo y sin miedo, porque en sus calles es difícil perderse. Durante nuestro paseo sin rumbo por las calles de Cortona localizamos un restaurantito con muy buena pinta donde degustamos buenos platos de pasta y como, una botellita de Chianti.
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