Trepa el muñeco la cuerda y el descaro, se balancea de izquierda a derecha, sazonando el teatro de picardía.
“El tiempo te sorprenda confesado tras una salve y el padrenuestro, para que no se te agrie el queso si este hombre, ya lo fuera, congresado”.
Cuando caiga el telón y quede vacío el escenario no habrá aplausos, ni agradecimiento, sólo un perro obeso ladrando.
Del poemario “ El Olýmpos de Al-hawarin” |