La ortodoxia económica de nuestra sociedad actual no contempla otra estrategia que el crecimiento continuo para mantener el sistema “funcionando”. ¿Hasta cuándo? Ha llegado el momento de replantearnos que esto no va a durar mucho si no cambiamos radicalmente nuestra manera de pensar, de vivir, de actuar. No podemos crecer más, al menos demográficamente, y el crecimiento económico deberá estar dirigido, en todo caso, a controlar la destrucción ambiental y a mejorar el nivel de vida del tercer mundo hasta llegar a unos niveles moralmente aceptables. Esto último tanto por vergüenza como por la cuenta que nos trae. Esto seguramente supondrá una merma en nuestro derroche occidental. Pero basta mirar a la gráfica adjunta para convencerse de que no podemos actuar de otra manera. Y cuanto antes mejor.
Pero para ello se requiere otra utopía (otra más): ponernos de acuerdo todo el mundo. Las medidas deberán ser globales: el control de la explotación de los recursos naturales, el control de la destrucción ambiental, el control de la economía especulativa improductiva frente a la economía real… todo deberá ser gestionado por un gobierno global, planetario. El cambio climático no afectará a un solo país. Ni las crisis económicas. Estamos obligados a entendernos.
Curiosamente los partidos políticos que aspiran a gobernarnos no entran (salvo alguna honrosa excepción a la que deberíamos prestar más atención) en estos asuntos. Muy al contrario, los grandes partidos que defienden el sistema imperante no proponen otra cosa que más neoliberalismo, como estamos pudiendo comprobar. Sin embargo, hace unos días leímos en la prensa que el Vaticano propone un ambicioso proyecto constituyente “para llegar a crear un gobierno mundial tomando como punto de referencia el sistema de Naciones Unidas… crear una Banca Central Mundial, establecer un Impuesto sobre las transacciones financieras (Tobin tax), crear un Fondo mundial de recapitalización bancaria, y separar claramente las reglas de banca comercial y de banca de inversiones”.
Ciertamente interesante el asunto que el Papa aborda. Sin embargo no se ha hablado mucho de esto, quizá porque los principales partidos políticos de los países de tradición judeocristiana y con mayoría católica (como España) no se deben sentir muy arropados por estas sorprendentes propuestas vaticanas. Desde luego los católicos que siguen al Papa más allá de las Jornadas Mundiales de la Juventud no van a poder votar ni al PP ni al PSOE. Menudo problema. Será que el Papa está ya mayor.
Menos mal que España es aconfesional: eso los va a salvar (al PPSOE digo).
Eduardo Sáez Maldonado
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