Una vez más se intoxica al personal con medias verdades, que, según una antigua y sabia definición, no son más que mentiras enteras. Sabemos que la política vive, parasitariamente de medias verdades. Por eso la mayoría de las veces no tiene que explicarse ni que explicar nada. Sólo le basta con lanzar informaciones que están ayunas de realidad, porque supone que el personal no se va a poner a buscar una información que complete lo propalado. A la política se le llena la boca de máximas y consignas. Con ello saca su rédito, aunque no haya trabajado para constituir un capital de razones y constataciones que son las que avalarían sus discursos. Por ello ya no hay discursos, porque, igual que la plebe, no necesita discurrir. |
En Andalucía, nos pasa que tenemos que sufrir constantemente los dicterios de la gente noble, o de quienes se han creído que son los herederos genuinos de la nobleza del antiguo régimen. Cuando no nos salta un señor de Cataluña, y que sepamos ya van por lo menos tres, nos salta otro del PP llamándonos idiotas u otra diciendo que en los colegios públicos de Andalucía las clases se dan en el suelo por falta de sillas y mesas.
Otra autoridad pedagógica, y ya van por lo menos dos. Lo más económico que se nos ocurre es que podríamos decir que los políticos se alimentan de agua, porque hemos podido sorprender a un señor bebiendo agua. No digamos si se nos ocurre decir que viven del aire, porque hemos conseguido una instantánea, cuando ni bebían ni comían ni cobraban.
Cuando los herederos del antiguo reciente régimen hablan de educación, están inhabilitados para poder ver la realidad completa y compleja que constituye el universo de la educación. España era un solar y desierto pedagógico. Ignoran que en el antiguo reciente régimen había clases unitarias con unas ochenta niñas y que las pequeñas se sentaban alrededor del aula, en sus sillitas (suyas, porque eran aportadas por las familias) y escribían como podían sobre sus maletines que sostenían en sus regazos. El abandono de la educación pública, que no tenía más categoría que ser subsidiaria y asistencial, estuvo patente durante muchos años. Entonces solo se conocían los colegios que albergaban a un alumnado que vivía a muchos kilómetros del Centro, como parece que se pretende que sea de ahora en adelante, para que todo el mundo crea que todo el monte es orégano. Esta ignorancia y falta de información no es más que fruto de la ley del mínimo esfuerzo. Mínimo esfuerzo que caracterizaba al pensamiento de aquel jefe que consideraba a España solamente como un cuartel.
Quienes hablan, sin haber hecho el esfuerzo de informarse, son los mismos que se inventaron una Ley de Calidad de la Educación, en la que se sobrevaloraba el esfuerzo, pero que tampoco se esforzaron mucho en su elaboración, como se puede constatar con la lectura de dicha Ley, en la que se daba un enjambre de imprecisiones, de contradicciones y de falta o contaminación de criterios, que dejaba en entredicho las virtudes del esfuerzo. Además, cuando insultan se quedan tan tranquilos, porque tienen el derecho de maltratar a los demás, aunque sólo sea de palabra. Parece ser que la educación clasista y elitista no tiene por qué producir otros frutos.
En este panorama de la desafección, parece que lo importante es seguir el dictado de aquel refrán que nos decía: “Calumnia, que algo queda”. Esta miopía de criterios también queda explícita en las declaraciones del Presidente de los Centros de Enseñanza, que hace unos días nos decía que “la escuela pública, para el que la quiera”. El paradigma del supermercado y del negocio ya es algo más que una simple declaración de intenciones. Pero además se ignora que la educación tiene que ser tan válida y eficaz en un centro de élite como en el último pueblo, donde no se puede ejercer el derecho a la elección de centro. El derecho a elegir centro es una consigna que lo único que nos aclara es que ignora a una importantísima cantidad de familias que no pueden de ninguna manera ejercer ese derecho. Ya está bien de soflamas partidistas.
Por si alguien no se ha dado cuenta, hemos podido comprobar cómo muchos ciudadanos nos han dicho más de una vez: “Es que odio tal periódico”. Esta “virtuosa actitud” no la hemos observado en nadie de los ambientes diferentes o contrarios. Quizá sea sólo una curiosidad, pero sabemos de casos, en los que una mujer de servicio doméstico ha tirado a la basura el periódico, antes de que al señor de la casa le diera tiempo a leerlo. El adoctrinamiento y la obediencia ciega no tienen nada que ver con la educación, sino más bien con su carencia.
El día que todos podamos estar en una actividad educativa, por los suelos, formando una circunferencia, viendo todas las caras de los demás y no sólo la del jefe y los cogotes de los compañeros, aprenderemos a hablar mirándonos a los ojos, a saber escuchar activamente, a esperar el turno, a darnos tiempo y conceder tiempo... y no sólo a engullir verdades hechas y derechas que no son más que anteojos que nos impiden ver el arriba y abajo, la derecha y la izquierda, el dentro y fuera, el antes y el después...
La educación no tiene que estar al servicio de nadie, pero sí tiene que servirnos a todos para saber, pensar y comportarnos.
Josemª Maestro de Primer Ciclo de Primaria.
Última hora: Acabamos de escuchar que la reprobación de Ana Mato es electoralista para el PP. Sin embargo las declaraciones de ella, por lo visto, no lo son. Inaudito.
Últimos minutos: Nos viene la información de las palabras en broma de Peces Barba y de lo seriecito que se pone el personal de Cataluña. Exótico.
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