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ETA: Conferencia, diferencia y circunferencia

Jose Maria Barrionuevo Gil. 16.10.11 

No todos los días los podemos “llevar con” el mismo ánimo. Cuando hablamos de una conferencia de la Paz, de “conllevar” la Paz, no es extraño que nos surjan dificultades, como si en una conferencia se tratara de algo que hay que soportar, algo que nos deja bastante extenues, muy tocados, como solemos decir. Cuando hablamos de conferencia, estamos admitiendo una institucionalización de muchas propuestas, consintiendo a la vez la institucionalización, ya dada, de otros modos de convivencia, como es el caso de convivir con la violencia. La convivencia no tiene que soportar violencia, no tiene que ser letal, no tiene que “conllevar” muertes y, mucho menos, violentas.

Nos situamos en la diferencia para conseguir dignificarnos, y es precisamente la dignidad la que nos puede facilitar el camino del perdón, aunque sea distinto del de la justicia. La diferencia está en una actitud que sea muy distinta, aunque se dé sobre el ruedo de esta nuestra piel de toro, muy distinta, digo, de la que desarrolla el toro bravo frente al torero, que sigue embistiendo, aunque lo estén matando.
  La justicia tiene un cometido constitucional. El perdón se inscribe dentro del voluntariado. La justicia no tiene que ser flexible ni siquiera en el cacareado asunto de la cadena perpetua. El perdón es sólo inflexible con la falta de perdón; es incompatible, pues no se puede compadecer de su propia carencia.
 Todos somos víctimas propicias de la violencia, mientras exista la violencia. Sin ir más lejos, todos conocemos casos muy allegados de quien ha pasado diez minutos antes por donde luego estalló un coche bomba.
 Cuando la violencia se institucionaliza, es difícil conseguir la Paz, ya que institucionalizar la Paz políticamente, muchas veces, nos ha acarreado y puede “conllevar” una dejación de justicia y, no digamos, también una penuria de perdón, en estos tiempos de crisis. No nos podemos permitir el lujo de la dejación de la justicia ni de la ausencia del perdón.
 Sabemos también que la circunferencia es una línea que se cierra en sí misma, que se encuentra consigo misma y que por eso puede seguir rodando. Ya sabemos que hay líneas muy delgadas, que se nos pueden emborronar, si no sabemos cómo llevar a cabo su trazado. Sabemos que hay hilos muy tenues, cuya rotura nos deja extenues, sin posibilidades de recuperación a corto plazo, sin el arte suficiente para la reparación.
 Si de reparación se trata, tenemos que usar nuestras dotes de artífices, para que la circunferencia no se nos quede abierta una vez más ni cerrada en falso.
 Hace algunos años, en el 2002, hablando con unos compañeros vascos, en un bar de la imperial Toledo, aporté una humilde y sencilla solución de la disolución de ETA. En este mundo tan competitivo y cada vez menos competente, en este mundo de las victorias y las derrotas, podemos tener el atrevimiento de poner nuestra opinión sobre la mesa, sin que sea necesario arrugar el tapete ni romper la baraja, y no sobre las trincheras.             
 Aquel día nos habíamos levantado dignamente, como siempre, y lo habíamos dedicado a ver la ciudad. A la hora del aperitivo, para desterrar el agobio y el calor del mes de julio, nos metimos en un bar y saltó sobre la mesa el tema de la violencia de ETA. Conforme evolucionaba la conversación, era más difícil encontrar en un bolsillo o debajo de una endeble servilleta de papel, no digamos en una agenda, la solución al mundo de la violencia. Entonces, sin saber cómo, sin nada escrito entre las manos (como es costumbre en el lecturismo, que no parlamentarismo, contemporáneo) se me escaparon unas palabras que podrían constituir una aproximación a la fórmula, salomónica o no, para la  solución del problema de la violencia.
 Entonces dije que ETA tendría que tener la dignidad de aprovechar un vacío de poder para concederse y concedernos la paz. Tendría que aprovechar el día de reflexión, ya que no le incumbe, para hacer un alto el fuego definitivo. Hacerlo así, sería demostrarnos que el punto no se lo iba a llevar nadie, porque nadie estaría legitimado a hacerlo y no podría romper descaradamente el día de reflexión. Sería un valor positivo, un punto total que sería solo computable a ETA.
 Ahora que se sigue con el pulso lleno de vigor, sin temblores que los años nos contagien, es el momento de cerrar la circunferencia, pues en este sentido no me gusta el círculo. Si los indignados están pacíficamente contra el capital (dejémonos de eufemismos mercantiles) no van a estar en pro de ninguna violencia. Los indignados estamos contra toda falta de dignidad, contra toda indignación, incluida la violencia.
 Es difícil, extremadamente difícil, cerrar la circunferencia de la convivencia, dejando fuera de su frágil trazo todo el mundo de la violencia. Es difícil, extremadamente difícil, acertar el punto exacto del cierre de la convivencia en paz, sin un ápice de violencia. Por eso, sin ninguna pretensión partidista, sin ningún servilismo político, ahora se me ha ocurrido que, dada la fecha de las próximas elecciones, el comunicado de paz podría sernos servido en la madrugada del 20 de noviembre, para seguir avanzando en el camino de las libertades, que, en esta fecha, hace años comenzamos, y  para que la libertad de todos cuente con esta pieza tan necesaria en el puzzle de nuestra convivencia.

Josemª  Maestro de Primer Ciclo de Primaria.

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