No, no me ha dado por cumplir ningún sueño infantil. No me he enfundado las mallas y las zapatillas ni moveré mis músculos al ritmo de sutiles melodías. Ayer fui a ver mi primer espectáculo de danza, nada más y nada menos que a ver la obra El Lago de los Cisnes, interpretada por el Ballet Nacional de Cuba, compañía dirigida por Alicia Alonso. Nunca dejo de sorprenderme con lo que la vida te regala. Asombrada pues de encontrarme viendo a uno de los mejores grupos de danza del mundo, disfruté con todos mis sentidos, que son más de cinco, y ello nos lo demuestra la propia Alicia Alonso, que aún a sus 91 años y ciega dirige esta compañía de bailarines y sigue subiéndose a los escenarios.
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Disfrutamos de un elenco de grandes artistas que nos demostraron el poder de la grupalidad, sus efectos sublimes. Compaginar en una unidad estética tantas diferencias corporales, emocionales y psíquicas, pone de relieve la importancia de la dirección. Todos a una y moveremos el mundo. Sutiles movimientos, extraordinaria belleza, delicados tutús que, entre giro y giro, generaban la ilusión de estar bailando con ellos al ritmo de la música. Se cierra el telón y las puertas del tren, vuelvo a mi asiento, a la vida cotidiana, despierto de mi ensoñación. No soy esa bailarina que agujerea el piso, apasionada, con la punta de sus dedos. No soy ese fornido y estilizado bailarín que acompasa el cuerpo de su amada. No soy ese pájaro de grandes alas movidas al compás de instrumentos de cuerda. Soy la que con sus ojos abiertos supo apreciar el valor transformador del trabajo, deseo puesto más allá del propio narcisismo. Soy la que se dejó llevar por las emociones cuando se levantó el telón y empezó la danza. Soy la nueva enamorada de los escenarios, la que quiere dejarse seducir, día tras día, por las grandes obras de la Humanidad.
Helena Trujillo info@htpsicoanalisis.com
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