No habla de los regalos que hacen a los Colegios Privados, regalándoles terrenos públicos y otras baratijas, pero sí habla de que hay que recortar en la Enseñanza Pública. Si el profesorado se pone en huelga, dice que están manipulados políticamente y se mete con todos con descalificaciones y etiquetas, que no son más que consignas y conclusiones de argumentos sesgados para engañar a los que no saben argumentar; igual que ella. Pero, además, no dice lo que les cuesta a los huelguistas cada día de huelga. El profesorado demuestra que está con la Educación, aunque le cueste el dinero de su bolsillo, que va a las arcas políticas para que no se tenga que hablar tanto de recortes. Los políticos no se ponen de huelga, faltan a sus escaños, se duermen, se van al bar..., pero nunca van a la huelga. La verdad es que no les hace falta una huelga, porque en el asunto de los sueldos, las horas de trabajo, las jubilaciones,...son juez y parte y se montan un convenio colectivo muy conveniente y nadie dice nada y todos muy educados y contentos. En estos tiempos de insultos y descalificaciones vemos unas entradas de colegios privados que cuestan un pastón. Lo más seguro es que sea sin ánimo de lucro, o lo que es lo mismo: lo comido por lo servido. Ahí es nada. Si la enseñanza pública tuviera calidad y recursos, no necesitaríamos Colegios privados, según decía un ministro alemán: “Si la escuela pública es buena para qué queremos la privada” Aquí parece que se sigue pensando como en la dictadura, en que había dos clases de colegios: Escuelas Nacionales, que eran casi asistenciales y Colegios Privados, que no se llamaban “Escuelas”. Nos gustaría que todos tuvieran la misma educación, con recursos y de calidad y no para que todos sean reyes, sino para que no se necesiten. Así no tendríamos que hablar de una escuela de calidad y otra de caridad. Con lo que se entiende por calidad y lo que se entiende por caridad, hoy día no queremos escuelas ni de la una ni de la otra. La suerte no está echada; esperemos que no nos arrebaten los dados, porque nos pueden borrar hasta los puntos y se acabó el juego para una temporada. Podemos ver que con los recortes se está perfilando la masificación, el memorismo y toda la esclerótica de una sociedad que tiene que producir enfrentamientos para que no podamos analizar dónde están los verdaderos problemas ni ver qué intenciones llevan en todo lo que tocan con sus cinco habilidosos dedos. Si estos señores y señoras ofenden e insultan de estas maneras, porque creen que España es un cortijo suyo, ya nos están mostrando la verdadera cara del fruto de “su exquisita educación recibida”. La educación, además de respeto, es creación, no repetición; es apertura, no cerrazón; es originalidad, no imitación; es sindéresis y no obediencia debida o ciega. Como nos recordaba, hace tiempo, H. Laborit: “El papel de la vida social es, esencialmente, el de crear automatismos... Un acto automático es también más rápido, menos cansado, más eficaz que un acto que requiere ser pensado en cada ocasión”. Parece ser que se quiere volver a favorecer el inmovilismo, el destrozo desde los mismos fundamentos de la posibilidad de una educación de calidad para todos. Con esta educación inmovilista, todavía estaríamos en los árboles. Recuerdo que a principios de los setenta, un buen entrenador internacional de baloncesto, al observar la torpeza y poca iniciativa de algunos alumnos del curso de entrenadores provinciales, nos dijo una tarde: “No, si en esta España, el día que la Guardia Civil nos diga que nos bajemos de los árboles, encima nos vamos a enfadar”. No digamos, si el inmovilismo (o la retrogresión), viene disfrazado de cambio, cuando se trata de “cambiar por cambiar” y sólo porque lo dice una autoridad. Una autoridad que ha hecho de la crispación su talante; del tirar la piedra y esconder la mano, su ética; de la oposición, una destilación venenosa; de la difamación, su verdad. Para terminar, por hoy, recordemos las palabras de Suetonio en su De viris illustribus: “Caesar, non supra grammaticos”, que podemos traducir como César, no tienes ninguna autoridad sobre los docentes.
Josemª Maestro de Primer Ciclo de Primaria
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