Salimos del albergue de Ribadiso, un establecimiento idílico junto al río Iso y al puente romano que lo cruza. La lluvia lleva dos días acompañándonos, y estamos empezando a entender el clima gallego. El día ha transcurrido entre bosques, por un sendero donde predominan eucaliptos y castaños, que nos ha aportado algo de alimento. Después de ocho días nuestros cuerpos han empezado a adaptarse a las largas caminatas, pero aun así seguimos notando la dureza del camino como los toboganes del día de hoy.
|
Después de los copiosos almuerzos, que alargamos con una extensa sobremesa, las tardes son la parte del día que más agradecemos. Son momentos que dedicamos al descanso, a la contemplación y disfrutar de los bonitos paisajes. Durante ese tiempo, además, redactamos las crónicas que desde el día cuatro estamos publicando.
A falta de un día, mañana, para entrar en la ciudad de Santiago y presentarnos a las puertas de su insigne y emblemática catedral, experimentamos cómo la amistad entre los peregrinos del camino se va afianzando y cada día es mas significativa, cordial y afectuosa. También queremos hacer constar el buen trato y amabilidad que estamos recibiendo por parte de la mayoría de los gallegos que nos muestran servicialmente su disposición a ayudarnos para que tengamos un buen camino, pero como este trato debemos de agradecerlo como es de bien nacidos, ya redactaremos un artículo especial sobre dicha mención.
Mañana publicaremos la última crónica de esta experiencia que estamos disfrutando, que por lo conocido hasta el día de hoy, recomendamos a todos que la experimenten al menos una vez en su vida ¿les suena? |