A mediados de etapa, surge el momento contemplativo, al igual que surge en todas las etapas, en este es un campo florido de girasoles que resalta entre el verdor de los árboles.
Nos encontramos más ligeros de equipaje pero las fuerzas y la animosidad empieza a hacernos mella; aunque seguimos aún disfrutando entre nosotros y poco a poco parece que el espíritu del camino nos va imbuyendo cada vez más conforme nos acercamos a las puertas del Obradoiro.
El camino a momentos y en ciertos tramos se ve lleno de peregrinos como hasta ahora no habíamos visto. En esta etapa no hay hitos, como se suele decir en el camino, o monumentos históricos a resaltar salvo los múltiples e históricos hórreos de las casas de labriegos que atravesamos junto a sus lindes.
Nos sorprendemos ante la presencia de un cementerio de peregrinos que creemos que ya es obsoleto y que solo es presencial por lo que fue; pero lo que evidencia la dureza y enfermedades que se contraían en el camino en otros tiempos y a veces terminaban en el óbito del peregrino.
La llegada a Palas de Rei se encuentra en un descenso constante que más que apresurar el camino se convierte en una agudeza de los dolores contraídos días atrás. |