Hoy en día son pocos los auténticos peregrinos que impulsados por su fe católica realizan el peregrinaje. El comportamiento de los peregrinos dista mucho de ser el mismo hoy de lo que fue en aquellos tiempos pasados. La peregrinación se hacía sobre todo por sentimientos religiosos movidos por la virtud cristiana, y era sobre todo los sentimientos religiosos del pueblo, y aquella fe cristiana lo que movía a la sociedad de entonces a dar posada y prestar ayuda desinteresada y caritativa a los peregrinos por su condición de penitentes.
Pero con el devenir de los tiempos que todo lo cambia y la concepción materialista de la vida el sentido de los religioso se fue desvaneciendo y con él la práctica de las virtudes cristianas, sobre todo en estos tiempos recientes. Por eso, para sustituir esa carencia el Estado y la Iglesia, dedicaron grandes esfuerzos para dotar al Camino de Santiago de Albergues, para facilitarles así el viaje al peregrino y poder acogerles.
Las administraciones públicas, civiles y eclesiásticas, que supieron descubrir en este nuevo fenómeno de masas, una gran fuente de ingresos económicos capaces de sanear los presupuestos, tanto civiles como eclesiásticos, no dudaron en suplir el abandono de la práctica de aquella obra de misericordia con nuevos procedimientos y recursos potenciando los Hostales y Albergues que son administrados por la parroquia local, el ayuntamiento, los propietarios privados o las asociaciones de peregrinos, para atender y potenciar esta nueva versión del peregrinaje
Permanecer en los albergues por lo general cuesta entre nueve y doce euros por noche por cama en un dormitorio, aunque unos pocos hostales conocidos operan con las donaciones voluntarias. Los peregrinos suelen limitarse a una sola noche de alojamiento y se espera que deje el alojamiento a las ocho de la mañana para continuar su peregrinación.
Y así, un servicio que antes se resolvía con la práctica de una simple obra de misericordia, se ha convertido para algunos en un negocio turístico. |