En medio del ruido que provocan los disparos de celebración también se llora a los fallecidos. Ahora comienza a conocerse el elevado número de víctimas civiles que se han producido en estos seis meses de conflicto en zonas desde las que no se podía informar con independencia. Hemos sabido que numerosos habitantes de Al Zawiya han perdido la vida en enfrentamientos ocurridos a finales de agosto entre las fuerzas de la oposición y quienes luchan del lado de Gadafi.
Conocimos a los familiares del Dr. Ali Hassan al Khadrawi, que murió el 13 de agosto al ser bombardeada su vivienda, situada en la zona residencial de Arawi. El médico, de 54 años de edad, se encontraba en su domicilio con su esposa Maysa Fayez y su hija de 10 meses Maysoun. Se preparaban para romper el ayuno del Ramadán, cocinando en un pequeño cobertizo de la finca. El hijo mayor del doctor se encontraba en la residencia principal y oyó unas explosiones. Nos relató cómo encontró a su familia:
“Me preocupé y fui a comprobar cómo se encontraban. Cuando llegué allí, la puerta estaba bloqueada y escuché cómo Maysa pedía ayuda a gritos. Atravesé la puerta y encontré a mi padre tirado en un charco de sangre. Mi hermana pequeña también yacía muerta en su cama. Maysa estaba viva y la llevamos al hospital sin perder un minuto, pero no sobrevivió.”
Otro hombre, Mouftah Ahmed Toumi Farouj, murió a causa de la metralla el 16 de agosto, cuando las fuerzas de Gadafi lanzaron una descarga de mortero contra Al Zawiya en un desesperado y en el fondo inútil intento por impedir el avance de las fuerzas rebeldes. Conocimos a su padre que nos contó cómo lo había encontrado:
“Sobre las nueve y media de la mañana oímos varias explosiones en las proximidades. Cuando cesaron, Mouftah salió para evaluar los daños y comprobar si algún vecino estaba herido. Diez minutos más tarde, se produjeron nuevas explosiones […]. Lo encontré tirado en la calle cerca de nuestra casa. Cuando vi que sangraba por la boca, comprendí que sus heridas eran mortales.”
En Trípoli, la población civil también se ha visto atrapada en el fuego cruzado durante el último combate que ha tenido lugar para hacerse con el control de la ciudad. Algunas personas murieron o resultaron heridas en sus viviendas cuando sus barrios fueron atacados. A otras les dispararon en la calle, como a Abdel Kader Ali Wehwah, de 72 años de edad, que se dirigía a la mezquita del barrio en la zona de Sabri a primera hora de la tarde del 23 de agosto cuando recibió un disparo en un muslo. No se estaban produciendo enfrentamientos en la zona en ese momento. Sus vecinos creen que a Abdel Kader le dispararon francotiradores apostados en edificios próximos. Abdel Kader dijo: “Soy un anciano. No tengo armas y sólo quiero paz para volver a Libia. ¿Por qué me dispararon?”.
La población civil de la zona de Abu Salim de Trípoli, lugar de la ciudad donde se han producido los últimos enfrentamientos, se encontraba atrapada entre el fuego de ambos bandos debido al enfrentamiento entre combatientes de la oposición y los leales a Gadafi que quedaban. El 25 de agosto, Abdel Salam Mabrouk huía, junto con su esposa y sus tres hijos, de su apartamento en el tercer piso cuando bombardearon su edificio. Cuando llegaron a la entrada principal, Abdel Salem recibió un tiro en el estómago. Abdel Salam nos contó que la familia no podía salir de Abu Salim para buscar refugio en otro sitio porque no tenían coche y ninguno de sus familiares podía ir a recogerlos debido a la escasez de combustible. Tras resultar herido, Abdel Salam y su familia se quedaron atrapados en la zona durante varias horas hasta que el combate amainó y pudieron trasladarlo al Hospital Central de Trípoli.
Al este de Trípoli, Jamila Ahmed, de 30 años de edad, resultó gravemente herida en el estómago. Estaba de pie en el tejado de su vivienda en Ghout Shal cuando fue alcanzada por una bala perdida. Nos explicó la pesadilla que supuso conseguir llegar a un hospital después de que la hiriesen:
“Sangraba y me dolía, así que mi esposo me llevó a dos hospitales: primero, al de Al Khadhra y después, al de Abu Salim, pero ambos estaban vacíos y no admitían pacientes. Tratamos de conseguir que me atendieran en el Hospital Central de Trípoli, pero había una larga cola y los médicos estaban abrumados por el enorme número de víctimas que se habían producido ese día. Tuvimos que conducir hasta el hospital de Al Zawiya [a unos 40 kilómetros]. Dimos muchos rodeos para llegar allí a fin de evitar la lluvia de balas que caía de los edificios, donde estaban apostados los francotiradores.”
El personal de dos hospitales de Trípoli nos contaron que entre el 19 y el 25 de agosto, al menos nueve mujeres y un niño murieron por heridas de bala en Trípoli.
En el Hospital Central de Trípoli un hombre le dijo a Amnistía Internacional: “Es increíble que pueda hablar con organizaciones de derechos humanos como la vuestra y con periodistas independientes, hemos vivido en silencio y atemorizados durante demasiado tiempo, pero el precio por disfrutar de esta libertad es alto”. |