Ante las numerosas criticas que se han hecho a la Jornadas Mundiales de la Juventud -JMJ- y a la asistencia del Papa, me pregunto ¿porque? ¿Que hay detrás de estas rabietas? Con que objeto las hacen. ¿Es por envidia? o ¿por rencor? o ¿por resentimiento? o ¿por frustración? Ninguna critica constructiva, todas ellas han sido criticas destructivas. “El mal no es lo que entra en el corazón del hombre, es lo que sale de él” |
Lo que se origina con estos actos de humanización de las relaciones entre jóvenes de todo el mundo, son voces que reclaman una lucha solidaria contra el hambre en el mundo, una denuncia de la política corrompida, y del capitalismo financiero, defensa de los derechos de los parado, de los emigrante, de la vida, de los marginados. Los que critican, deben ahondar en el verdadero sentido de estas Jornadas y no quedarse en las afueras. Estos que critican deben ser personas con traumas existenciales. No comprenden que afirmar los valores humanos no significa oponerse a la fe cristiana. La Iglesia intenta estar en el mundo como lo estuvo Jesús, como una presencia reconciliadora, sanadora, indulgente y servicial; como un testimonio del ilimitado amor de Dios. La Iglesia se encuentra continuamente necesitada de perdón y renovación. De ahí que necesite estar atenta a las percepciones de quienes, encontrándose en ella e incluso fuera de ella. pueden, sin embargo aportar sus propias ideas a la comprensión que la Iglesia tiene de su verdadera vocación. Pero donde están esas ideas, ninguna organización, de ningún tipo o color, ninguna idea (sobre todo de esos críticos) pueden reunir y arraigar en una fe, una concentración de jóvenes tan multitudinaria, diversa y comprometida.
Un informe de la Universidad de Navarra sobre el impacto de la marca Madrid con estas jornadas, muestra la JMJ como excelente embajador, restableciendo la deteriorada imagen económica de España en el exterior. La JMJ generó 54.000 noticias en la prensa escrita de todo el mundo, y se publicaron artículos en un total de 108 países. Las previsiones de gasto realizadas por el comité organizador, en torno a 50 millones de euros (el 20% de lo invertido en la JMJ de Sídney), financiado en un 70% por los propios peregrinos y en un 30% por las empresas patrocinadoras, resultan ahora anecdóticas al haber conocido por fin, gracias a la Confederación de Empresarios de Madrid, que los beneficios han superado los 160 millones de euros y que las jornadas supusieron el 2% del turismo global que genera toda España en un año. Una muestra de lo mucho que se logra en el plano laico. En el religioso han sido vivencias verdaderamente renovadoras de la fe. La siembra que deja en los corazones dará frutos de esperanza y compromiso en un pueblo desmoralizado por la crisis económica y de valores. Y es que, independientemente de que se comulgue o no con según qué aspectos de la Iglesia, la fe es otra cosa; algo de lo que no deben avergonzarse ni aquellos que sólo se acuerdan de ella cuando celebran actos fúnebres, matrimoniales o bautismales F.García Olmedo
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