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Reflexiones estivales: Votar el 'PPSOE' debe ser pecado
“La economía no funciona con una autorregulación mercantil, sino que necesita una razón ética, no debe funcionar según la obtención del máximo beneficio, sino según el bien de todos”*

Eduardo Saez Maldonado. 23.08.11 

Este mes de agosto, aparte de aprender a meterle el dedo en el ojo a los demás, hemos podido leer dos interesantes noticias relacionadas con las medidas que nuestros representantes políticos están tomando para tratar de solucionar la crisis económica y que, por su originalidad y por lo dispar de sus objetivos, son dignas de un comentario. La primera de las noticias tiene que ver con aquella lejana reflexión de Sarkozy al principio de la crisis de que “hay que refundar el capitalismo”. También se pidió entonces, por parte de organizaciones empresariales y con la mayor desvergüenza, “un paréntesis en el libre mercado”. Es decir, cuando el libre mercado se nos va de las manos hacemos un apaño provisional y luego volvemos a lo mismo: a que los grandes bancos y empresas energéticas se harten de ganar dinero especulativo mientras que el resto de la sociedad a mantener estos privilegios. Y a callar. Para que una economía funcione, debemos producir bienes susceptibles de ser comprados por otros o que generen un bien a la sociedad. Es decir, cualquiera que produzca, distribuya o venda zapatos, salud, ocio, educación, alcachofas etc. está contribuyendo a su comunidad.

El capitalismo ha creado otro tipo de miembro: el especulador. Aquel que vive comprando y vendiendo acciones, monedas (deuda ahora), valores etc. Este componente de la sociedad, que tiene hasta buena fama ya que suele manejar mucho dinero y acostumbra a ser persona formada, no produce ningún bien a la sociedad. Muy al contrario, su actividad especulativa sólo genera incrementos del precio de los bienes e incluso los provoca. Este componente de la sociedad es pues, en tanto que obtiene fuertes ingresos sin dar nada a cambio, un parásito social. Y es tristemente, y esto es quizá lo más descorazonador, a lo que muchos ciudadanos aspiran.

Varios países de la Unión Europea, entre ellos España, se han decidido a intervenir para poner algo de freno a la especulación : La prohibición de la CNMV, la autoridad bursátil española, consiste en vetar durante quince días las posiciones cortas sobre 16 valores del sector financiero, entre ellos los grandes bancos (Santander y BBVA). En su comunicado lo justificó por "la situación de extrema volatilidad que atraviesan los mercados de valores europeos" (El País, 10 de agosto de 2011).

La especulación está generando enormes beneficios a unos pocos parásitos de forma tan escandalosa que hasta los gobiernos neoliberales (incluido el español, claro) se ven obligados a tomar medidas de control. Eso sí: la medida dura sólo 15 días, no sea que los grandes especuladores se vean perjudicados de verdad. Y este flujo de riqueza desde las clases trabajadoras hasta las dirigentes ocurre ya, abiertamente de forma transnacional, desde el tercer mundo a nuestro privilegiado, despilfarrador y suicida primer mundo. Como siempre, en el fondo, pero cada vez más “elegantemente” y más cerca del abismo a la vez.

La segunda de las noticias a que me refería al principio, es la medida que acaba de tomar el gobierno español de bajar el IVA a la venta de vivienda nueva. Medida que nos aclara, por si nos quedaba alguna duda, lo que podemos esperar de nuestro gobierno (al que por cierto elegimos nosotros, no olvidemos).

Cuando el PSOE llegó al poder en 2004, muchos pensamos ingenuamente que dejaría de incentivarse la economía basada en la construcción (que había sido abiertamente promovida por el gobierno del PP), y cuyo fin vislumbrábamos  en el horizonte, para potenciar otras actividades que diversificaran nuestra industria y permitieran absorber el paro que se preveía. Como nos toman por tontos, nos dicen que la crisis era imprevisible, lo que es obviamente falso ya que prestigiosos economistas escribieron sobre ello mucho antes, además de que el sentido común nos advertía a todos de la entelequia de un crecimiento desbocado e infinito de una economía basada casi exclusivamente en la construcción y venta de viviendas. El PSOE, sin embargo, mantuvo la misma política económica neoliberal y suicida que había heredado hasta que la crisis le pasó por encima.

Pues bien, no se les ocurre a estas alturas nada mejor que volver a potenciar con beneficios impositivos la industria de siempre: la que nos ha llevado a la quiebra, la que ha destruido casi todo nuestro entorno, la que ha generado más actividad sumergida, corrupción y enriquecimientos desmedidos que ninguna: la construcción. Esto después de haberse tomado la libertad de hundir la industria fotovoltaica (las energías renovables son una de las opciones de reactivación económica con importantes efectos colaterales beneficiosos) con un decreto que bajaba las primas con efecto retroactivo.

Pues hala: más ladrillos “para que los bancos se liberen de su stock de viviendas y comiencen a dar créditos”.  La banca gana. No se les podía haber ocurrido una medida más deprimente y desesperanzadora.

Pero la alternativa es peor. Miedo da pensar en las medidas de austeridad que se anuncian (aunque no se detallan) cuando llegue el PP al poder. Imagino que continuarán con la ya iniciada privatización de la sanidad y la educación, y acabarán con lo poco bueno que ha implantado el PSOE, como la ley de dependencia.

¿No es hora ya de barajar otras alternativas? ¿Cuándo nos decidiremos a elegir gobiernos que, al contrario que los hegemónicos neoliberales que manejan el mundo en defensa de los intereses de los poderosos, tengan en cuenta valores distintos del dinero? Gobiernos que respeten a las personas, que no consientan la especulación sino la economía productiva y sostenible, que respeten el entorno ecológico, que se impliquen en serio en el desarrollo del tercer mundo y eviten las vergonzosas hambrunas que llaman a nuestra puerta desde hace demasiados años mientras nosotros nos emborrachamos en la feria, nos vamos a bañarnos al Caribe o nos llegamos a Madrid a ver qué dice el Papa y a confesarnos (por haber votado al PP o al PSOE) en magníficos confesionarios de diseño.

Pero existen grupos políticos que defienden que “otro mundo es posible”. Sólo hay que buscarlos, apoyarlos y votarlos. Pero si  seguimos votando a los partidos hegemónicos de siempre seguiremos teniendo los apaños de siempre, los privilegios de los poderosos de siempre, la destrucción ambiental de siempre y la poca vergüenza de siempre. Y también (eso sí) los Madrid-Barça de siempre. Hasta que nos caigamos por el precipicio, que cada vez está más cerca.

La sociedad empieza a moverse. El 15M reclama justicia social. Nuevos grupos políticos surgen o se mantienen a pesar de las trabas (cada vez mayores por cierto)  que les ponen los dos grandes hegemónicos (PPSOE) con sus privilegiadas escoltas nacionalistas. Quizá no sea tarde. De nosotros depende.

Eduardo Sáez Maldonado
* De un discurso de Benedicto XVI durante las JMJ de agosto en Madrid.

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