Que alguien diga que los buenos resultados y los logros de un alumno con capacidad y esfuerzo se deben a haberle caído en gracia a sus profesores, o que insinúe que esos profesores son unos ineptos sobornables, me parece de una desfachatez y falta de consideración que raya en el insulto.Pertenezco a la primera generación que pudo estudiar sin tener medios económicos, lo que nadie me dijo entonces ni yo me daba cuenta, era del enorme privilegio que tenía de recibir una educación gratuita y poder salir del mundo carente de oportunidades de mis predecesores. Para estos la única oportunidad de no morirse de hambre, fue la de labrar duramente la tierra y estar al servicio de las clases altas. Actualmente parece que a nuestros hijos le inculcamos bien poco la idea de lo privilegiados que son por tener acceso a la educación y menos aún, el respeto por sus profesores ni por cosa alguna. Justificamos su mediocridad académica, su incapacidad para luchar acostumbrados a la vida muelle que le ofrecemos, porque sus profesores (el más inmediato chivo expiatorio) son una ruina, o por el sistema, o por el fracaso de la corrupta clase política… Cualquier cosa que les exima y nos exima de responsabilidad.
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Estudiar entraña un esfuerzo importante, implica el desarrollo de la voluntad, la capacidad de sacrificio y la lucha contra la corriente general que va en sentido contrario. Necesita del apoyo, educación y colaboración familiar y sobre todo de la confianza en sus profesores y buena valoración de los mismos. A un adolescente, que intenta justificarse porque sus resultados no están a la altura de sus expectativas, el peor favor que podemos hacerle, es el de corearle y darle la razón cuando nos dice que el profesor le tiene manía, que no se explica, que es un incompetente... Esto les incapacitará tanto para estudiar como para su vida posterior donde se tendrán que preguntar muchas veces, qué pueden hacer para mejorar las cosas que les rodean en vez de sentirse las grandes víctimas de sus superiores o de sus circunstancias. El cerebro humano tiene una enorme capacidad para el conocimiento y también una facilidad grandiosa para desconectarse de lo que le contamos que no es interesante o valoramos poco. Dígale a su hijo que su profesor es un incompetente, y su cerebro no volverá a asimilar ni una palabra de lo que este profesor enseñe. Hay que estar atentos porque necesitan sentirse escuchados, pero atajando cualquier tipo de críticas hacia sus maestros: “es tu profesor, sabe más que tú, te está enseñando y le debes respeto. Si no entiendes algo pregúntalo con educación, esfuérzate por atender y la próxima vez obtendrás mejores resultados”.
Sin permitirles echarle la culpa a un profesor de no haber aprobado una asignatura. Nuestros hijos necesitan considerarse responsables directos de sus resultados cuando estos no han sido tan buenos como esperaban, animándolos luego a perseverar, sólo así estarán capacitados para rectificar y avanzar.
Tenemos la mala costumbre en este país de quejarnos de cuanto va mal apuntando al que tenemos enfrente, pocas veces nos planteamos en qué nos estamos equivocando nosotros ni qué podemos hacer personalmente para ayudar a mejorar el actual estado de cosas, lo cual, requeriría esfuerzo, colaboración y compromiso por nuestra parte. No mejoraremos nuestra sociedad ni las instituciones victimizándonos y echando la culpa a los otros de lo que nos ocurre o les ocurre a nuestros hijos, sino examinando cuidadosamente en qué no nos hemos esforzado lo suficiente y requiere mayor dedicación. Los profesores no son obstáculos en la carrera hacia el éxito de nuestros hijos, ellos son sus preparadores insustituibles, todas las materias cuentan y son importantes, pues preparan y entrenan su mente. Y si es necesario mejorar el sistema educativo, pongámonos todos a ello constructivamente colaborando con profesores y alumnos. Hay que someter a examen cuidadoso nuestras opiniones antes de lanzarlas con desconsideración al ruedo público. Enhorabuena a todos los alumnos que han logrado aprobar selectividad y nuestros mejores deseos a aquellos otros que han de volver a intentarlo.
Hay tres cosas importantes en la vida: ser amable, ser amable y ser amable. Henry James . Adriana Ruiz Díaz.
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