Han pasado doce días desde que denuncié públicamente a la escritora tramposa, cobarde y fantasma, que firmó un artículo a favor de las denuncias contra el Ayuntamiento pidiendo 200.000 euros, bajo el NOMBRE FALSO de Francisca Romero Casas, en el que se me mencionaba con unas cuestiones personales que muy pocas personas podían conocer. Doce días en los que NADIE LA HA PODIDO RECONOCER. Más claro: tenía yo razón: NO EXISTE. Pero sé quien se esconde detrás de ese nombre ficticio...
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Sí, lo sé. Conozco a la persona. Y muy bien. Tiene nombre y apellidos, vive en Alhaurín de la Torre y es de la Plataforma PDSS. Conozco su nombre. Sé donde vive. Su documento de identidad. Las posesiones. Sociedades. Hasta el color de sus calzoncillos. Ha tenido doce días para dar la cara. Pero era lógico que no la diera: carece de vergüenza, de ética, de estética, de moral y su ambición de poder y dinero está por encima de todas las demás virtudes que se le deberían suponer como en la mili. Dije que la iba a desenmascarar. Pero no lo voy a hacer. Por una sencilla razón: porque al único que parecía importarle que alguien estuviera escribiendo con nombre falso era... a mí. Tuve que mover mis hilos y mis contactos para descubrir su identidad, pero no obtuve ayuda alguna de quienes más interés debieran haber tenido por descubrirla, recibiendo incluso reproches por haber expresado mi opinión como persona sobre las citadas denuncias sin haberla filtrado primero por el tamiz de la PDSS. A nadie parece importarle Francisca Romero Casas, ni sus falsos escritos, por lo que su verdadera identidad me la guardaré en el cajón de las estupideces y seguiré mi camino como hasta ahora. Bueno, no como hasta ahora: seguiré con más independencia si cabe, anteponiendo mi profesión y mi sentir periodístico a cualquier otro concepto, idea, amistad o adscripción social o política. Francisca Romero Casas: no vuelvas a utilizar una identidad falsa si quieres volver a escribir. Y si te quieres meter conmigo porque no te gustan mis opiniones, hazlo con tu nombre y rebátelas con argumentos sólidos. No te pongas la capucha otra vez. Te la puedo quitar y tú sabes lo que puedes perder: mucho. Todo. La credibilidad es un bien preciado que cuesta muchos años ganársela y se puede perder en pocos minutos. Y a mucha gente que confió en ti no le gustaría enterarse que eres así de falsa, rastrera y sobre todo COBARDE. Allá tú con tu conciencia, si la tienes. Ya te he olvidado.
Juan Carlos |