Ayer, 15 de mayo de 2001, cincuenta y ocho ciudades de España y otra docena en Portugal, junto con otras capitales europeas como Londres y Ámsterdam salieron a la calle tal y como anuncié en una entradilla en este periódico hace unos días, bajo el lema "Toma la calle, no somos mercancía en manos de políticos y banqueros”. Un poco después de las 6 de la tarde, salimos desde la puerta de la sede “Excelentísimo” malagueño una marabunta de gente corriente. Desfilaron por las calles del centro de Málaga varios millares de cabreos y malos ratos en dosis individuales. Todos y cada uno de ellos provocados por la “broma” de los últimos años patrocinada oficialmente por los abusos de banqueros, empresarios del pelotazo y sus fieles escuderos, los gobernantes. Todos juntos de la manita han ido poco a poco canjeado años de larga lucha democrática de nuestros padres y nuestro bienestar por una barra libre de euros, Bemeuves oficiales, subvenciones millonarias y cubatazos en el puti, entre otras perlas...
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Aparentemente, el tridente de pregoneros del poder: la prensa, la tele, y la radio de este país parecía desconocer la existencia del descontento de tal contubernio de personitas que llevaba dos meses planeando salir a la calle el 15-M. Los cuales habían realizado decenas de notas y ruedas de prensa convocándolos. En cambio, no iban a dejarnos pasar el domingo sin ver las noticias de Pe y Johnny Depp paseando refrito con sello Disney en Cannes o a Zapajoy soltando lindezas en plena orgía notengoabuelística preelectoral.
Durante meses nos bombardearon con imágenes de gente que desdentada con bigote y turbante que vive en el desierto y que se coordina mediante algo tecnológico dospuntocero para salir a la calle y quemar cosas dando voces en una jerga gutural ininteligible. Irónicamente, cuando sus propios espectadores (léase “nosotros, los ehpañoleh”) salen a la calle por motivos no guardiolísticos, hacen mutis por el foro. Y entonces es cuando Matías nos pone noticias de chimpancés que se mean en la boca en un zoológico del condado de Fargo, Dakota del Norte y cada vez más y más gente tiene que recurrir a Internet para saber qué es lo que pasa en el mundo sin tener que pasar por su filtro.
¿Y qué se ha visto por la calle? Gente, muchísima gente por todos lados: muchísimos estudiantes jóvenes y no tan jóvenes, hordas de jubiletas con palillo de dientes, hipotecados con el agua al cuello, idealistas pijipis, kiosqueros pragmáticos, perroflautas con perros y flautas, vecinas que echan la tarde cotilleando en chándal y comiendo pipas, trabajadores fijos, amas de casa, chupacirios almidonados, madridistas, papás y mamás, rojos quemaiglesias y un etcétera tan largo como cada uno de los varios millares de asistentes a la convocatoria que lleno de cabo a rabo el Paseo de los Curas y desfiló lleno de orgullo pacíficamente durante poco más de dos horas y media hasta llegar terminar en la Plaza de la Constitución y leyeron un manifiesto breve pero carente de palabras huecas a las que nos tienen acostumbrados.
Lo que ocurrió ayer ha sido algo que quizás no sirva para nada y quede como experiencia. O también quizás estamos redescubriendo que la calle sirve más que para ir de paseo, a hacer mandaos y a ponernos hasta el ojete de Cartojal en feria y que a lo mejor la gente no va a pensar tan raro de nosotros si salimos a gritar lo que pensamos. El 15-M nos ha servido para descubrir que no somos ni tan pocos ni tan tontos. Que los asistentes vamos a procurar dejarnos engañar lo mínimo posible. Y hasta quizás para que los que se esconden detrás de un traje y unas siglas cuenten con nosotros para hacer nuestras cosas y se piensen dos veces con quien se sientan a almorzar.
Ya era hora de que empezásemos a dejar claras las cosas, como lo dijo el estadounidense Chuck Palahniuk en El club de la lucha: “Perseguís a la gente de quien dependéis, preparamos vuestras comidas, recogemos vuestras basuras, conectamos vuestras llamadas, conducimos vuestras ambulancias, y los protegemos mientras dormís, así que no te metas con nosotros.” |