|
La burbuja electoral | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 15.05.11 | | Hace poco hablábamos del tsunami de promesas y mentiras que se nos avecinaba. Ya está aquí; llegaron ya. Cuando las movidas, los jolgorios, las invectivas arrasan las ideas, los pensamientos y arrancan de cuajo el árbol de la razón, parece que no hay cobijo, que no hay más que el solar del desamparo y la impotencia. Por eso el personal se acurruca y se ausenta con el ánimo lleno de impotencia y espera que pase todo, incluido los días de reflexión y de votaciones. El personal no solo se abstiene sino que contagia a otros a la abstención. Es más, los acólitos de los que “a río revuelto ganancia de pescadores”, ya que les favorece la abstención, inundan de desánimo a todo el que puedan recoger y llevárselo en la riada al mar abierto y profundo de la abstención. | Nos movemos donde nos dejan espacio las normativas legales, tenemos que jugar en un campo muy delimitado y el equipo que no se presenta pierde siempre. No hay racionalidad ni representatividad objetiva y clara. El reglamento está hecho unos zorros para ganancias de los que van con piel de cordero, piel que psicológicamente engaña más que si fuera un traje de más o una corbata de menos (¡Qué calor, qué bochorno, con estos bochornosos atuendos!). El reglamento nunca pierde, porque la abstención engrosa los activos jurídicos de los que ganan las elecciones, aunque la abstención sea altísima. Con la abstención no cambia ni la ley electoral. Decimos esto, porque jurídicamente la abstención no tiene representatividad. El partido lo gana el equipo que gana, aunque el campo se quede vacío, aunque se “celebre” a puerta cerrada. En definitiva, se puede decir que la normativa legal nos tiene las manos atadas, por no decir que nos tiene cogidos por los “mismísimos tiempos modernos”, aunque estemos hasta los “mismísimos tiempos modernos” de tanto teatro, de tanta prepotencia, de tanta vesania. A votar, porque hay que botar a los corruptos y a los mentirosos, porque hay que botar a los que ya botamos antes por lo mismo. Con música de “La violetera”, “Búsquenos ese partido…” A votar, porque si la abstención fuera significativa y tuviera valor, sería estupendo estar el domingo al sol, pero no es así. Para ser así tendría que haber otra ley electoral, pero el tema funciona según los porcentajes (y además con recortes para los pequeños) de los votos válidos. Simplificando todo lo que podemos con tal de entendernos, si un partido saca el cuarenta por ciento del cincuenta por ciento de participación, recoge una cosecha mayor del cuarenta por ciento del electorado que figura en las listas. A votar, aunque sea una molestia y solo sea para molestar. Otra cosa sería que si un partido sacara el cuarenta por ciento de los votos, con el cincuenta por ciento de participación, se le asignara el veinte por ciento de éxito. De esta manera se tendría que aguantar con esa representatividad, que es la que verdaderamente ha conseguido, y el cincuenta por ciento de las concejalías se quedarían vacantes igual que se han quedado vacantes los votos en las cabinas. Sería una sabia norma a favor de la austeridad, que tanto propalan. Nos dirán que eso aumentaría el paro, pero les diremos que, si tanto les preocupa el paro, los políticos que ostentan varios cargos con vario sueldos, suelten los que tienen de más y den trabajo a los pobres de su propio partido. Parece que no tienen piedad ni de los compañeros de partido. Podemos ver que es un paradigma que no nos da ánimo para pensar en una vil alternancia política, sino que nos obliga a buscar y votar alternativas que nos tengan que demostrar con hechos (igual que tristemente no lo han demostrado los de la alternancia), que se merecen nuestra confianza. La burbuja electoral pasará y nos volverá a faltar el aire que esta burbuja nos pueda hipotecar durante cuatro años. Si nos falta el aire, tendremos que salir a la calle a tomar aires y darle aire a nuestra calle que es nuestra y no de ellos. Queda en pie el poder respirar siempre, pero depende de nosotros que no siga por más tiempo una ley electoral que es injusta y no nos concede ni reconoce el ejercicio de una verdadera libertad. No nos confundan por más tiempo, pues la libertad no consiste en elegir, sino en decidir. Josemª. Maestro de Primer Ciclo de Primaria.
|
|
| | <-Volver |
|
|