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La burbuja administrativa

Jose Maria Barrionuevo Gil. 30.04.11 

Pasado ya un tiempo (antes del 75), en que la administración tenía una gran capacidad de maniobra, incluso haciendo caso omiso a sus propios reglamentos, ya que pesaba más la cuestión ideológica, que era la guía del “bien hacer”, llegamos, hace treinta y tres años, a un Centro Público de reciente creación un grupo de profesores y profesoras. Allí nos encontramos con una dirección en comisión de servicios, con un centro que parecía un cortijo de la dirección y por aquello de la santa transición, nos convocaron a una misa del Espíritu Santo, en el gimnasio (no confundir con el autor de los Ejercicios Espirituales), para comenzar con buen pie y mejor alma, si cabe, nuestro trabajo. Tanto era así la autoridad del amo, que cuando salió elegido otro compañero como director del Centro, hubo personas que se preguntaban: “¿Que en el Colegio de don Fulano hay otro Director?”

Aquel curso, tuvimos la suerte de estrenar unas elecciones democráticas para elegir cargos directivos. Pudimos respaldar un proyecto escolar, que contemplaba indudables mejoras en el funcionamiento y participación de todos en la vida del Centro y en la colaboración de los padres, que entonces se dieron cuenta del “majao” al que habían estado contribuyendo.
 Hoy día, treinta y tres años después, que para algunos no es mucho, pero para otros compañeros y compañeras es toda una vida (o incluso algo más, por mor de su juventud), nos encontramos con unos tics administrativos que no han sufrido el paso del tiempo y que han despilfarrado tantos esfuerzos y trabajos de entonces. 
 Hoy, nos encontramos con centros, regentados por comisiones de servicios o situaciones de provisionalidad o por compañeros debidamente elegidos, en los que hay unos mecanismos de privilegios, que dejan en evidencia la fuerza de las directrices legales, que quedan aparcadas, como si se tratase de estados de excepción. Vuelve sobre todos y todas a pesar la sombra de la seguridad y la de la eficacia, como un fantasma irredento (¡Qué Via Crucis!) que no quiere desaparecer de nuestras vidas.

 Así, nos encontramos que hay centros en los que algunos especialistas se dedican a otros menesteres distintos de su especialidad, incluso no dedicando a ella ni una miserable hora lectiva. Se da el caso, ya que la diosa fortuna lo ha dispuesto así, en que parece que son afiliados a algún sindicato.
 Hay centros, en este siglo XXI, en los que se amenaza a los profesores, se dan a entender historias sin aclarar nada, a veces rayando en el mobbing, que sólo provocan malestar y angustia en personas que están haciendo un trabajo tan delicado y que necesitan tantas dosis de seguridad. Esta situación, además del mal clima que crea, no puede ser la terapia de un posible complejo de inferioridad de la superioridad, que debe quedar atendido de otra forma.
 Se dan otros casos en los que los especialistas gozan de demasiadas horas que dedican a la labor de atender “apoyos”.
 Otros casos en que algunos privilegiados dedican sus horas lectivas a más clases de alternativas a la Religión, que las que verdaderamente les tocan, que son sucintamente las de su propia tutoría. En algún centro se obliga al especialista en Religión a hacer sustituciones (no somos partidarios de la asignatura de Religión, pero mientras que no cambie la ley, convendría aclarar este extremo).
 Hay especialistas que tienen una carga lectiva de su especialidad total y tienen responsabilidad tutorial con un grupo al que sólo ven tres horas a la semana, mientras que cargos directivos, con mucho menos del 50% de horas de oficina, quedan libres de regentar tutorías, dedicándose al trabajo de apoyos, de horario en blanco y otras lindezas.
 Hay centros, donde a cada hora, se sabe dónde está trabajando cada profesor, incluidos los componentes del equipo directivo, información que está expuesta públicamente en el tablón, y hay centros en los que nadie sabe nada de nadie...
 Podemos pensar que esto es una burbuja administrativa, que tiene los días contados, después de treinta y muchos años. Nos parece que sería demasiado ingenuo pensar así, ya que el ROC nos lo va a acabar de arreglar todo.
 Tiene este Señor la virtud, nada despreciable, de la involución. Tiene un tufo a ley orgánica, que, como muchos sabemos de sobra, destila miasmas genitales. La democracia queda no sólo restringida sino también vapuleada.
 Parece que es obligado retrotraernos a unos quince años, cuando con la ley en la mano, se le podía decir a un padre, que estaba “dispuesto a coger la escopeta” (sic) para venir a hablar con el director, que los centros educativos funcionaban democráticamente y que ese padre tenía que hablar con el Consejo Escolar, y con la Comisión de Convivencia, con todas las garantías, eso sí. También, cuando y si hacía falta, había que recordarle a la Administración que los centros funcionaban democráticamente, y que no se precipitara en atender por la puerta trasera a ninguna querella, sino aconsejar que se siguieran los pasos reglamentarios estipulados por el texto legal,  que todos tenían que acatar y al que todos tenían que responder.
 Por otro lado, parece que se ha de inflar la administración con más personal para diseños y evaluaciones, cuando lo que hace falta son trabajadores de la tiza y no capataces, intermediarios y ejecutivos. Somos los trabajadores de la tiza quienes tenemos que participar y saber que hay una normativa, que para bien, por supuesto, debe ser respetada. El cambiarla quizá comporte muchos más esfuerzos, pero de todas formas es responsabilidad de todos.
 Como anécdota administrativa, añadiremos que una amiga nuestra fue a la Delegación de Trabajo a pedir un impreso para reclamar y denunciar una actuación empresarial. Las dos chicas, que estaban retiradas de la ventanilla y fumando, le dijeron que lo cogiera de al lado de la ventanilla. Nuestra amiga se vio negra para poder alcanzar los impresos, pero las administrativas ni se coscaron. No sabemos que pasaría de ahora en adelante si las administrativas se tienen que salir a fumar a la calle.
 No podemos olvidar que “las cosas son como son” hasta que dejan de serlo. En nuestro caso no tiene que haber enemigos, pero tampoco algunas amistades excepcionales, que nos resultan peligrosas, e incluso tóxicas, para una labor tan delicada como es la Educación.

Josemª Maestro de Primer Ciclo de Primaria.

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