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La XXXIII Torre del Cante por sus fueros
Los dos José, Galán y Mercé, los grandes triunfadores

P. Flamenca Torre del Cante. 19.06.06 

Luis Bravo. El pasado festival de la Torre del Cante fue más homogéneo, fue más de protagonistas: ésa era la opinión generalizada ayer entre los buenos aficionados al flamenco al terminar el citado recital. Si bien el pasado año, hubo tres o cuatro triunfadores y un nivel más igualado, en éste, “el monstruo”, Mercé, el número uno en el escalafón imaginario del cante sobresalió y el resto estuvo en su línea con la salvedad de Pepe Galán, que ya cuando lo presentó Gonzalo Rojo dijo (no sabemos si como acierto o error): “Antes ponía el mundo del revés”, para especificar a continuación “lo cual no quiere decir que ahora no lo haga”. Profético pues lo hizo, puso el antiguo campo de fútbol a corear y a palmear, incluso estuvo acertado en los intermedios entre canciones, ya que a diferencia de otros cantaores, éste si charlaba con el público y explicaba sus temas. Un acierto haberlo traído, sobre todo a su guitarrista Antonio Carrión que hizo bueno al maestro, consiguiendo que el público se entregara al rasgueo de la guitarra y a las falsetas muy actualizadas, disonantes y poco conocidas. Un gran tocaor. Ver imágenes del festival


Galán fue el descubrimiento de la noche y Mercé la confirmación, ya que es raro que este cantaor, hoy enclavado en las filas de la canción flamenca (la guita y la popularidad mandan) falle. Y menos en un coso como la Torre del Cante, uno de los festivales más punteros de España y donde más se notan los nervios de los debutantes, pues hay dos tipos bien diferenciados, entendidos y público y rara vez lo que les gusta a unos, complace a los otros, y el caso del de Jerez de la melena aleonada, es una rara excepción, gusta a todo el mundo.
Aurora Vargas, también se llevó de calle a público. Esta gitana sabe muy bien cómo camelarse al personal, y el ritmo, el movimiento de caderas al balie y la sensualidad que destila y deja de rastro por el escenario encandila y escandaliza. Todo en ella es vocación, derroche, ganas, y eso llega al público que se cuelga de la artista jaleando y bailando, sin estar pendiente de si es más o menos puro lo que hace.
El acto comenzó puntual a las 11 de la noche, con el grupo de baile de la Peña Flamenca Torre del Cante y después Margarita Pastrana al cante y Manuel “el Yunque” a la guitarra. La ganadora del XXVI concurso “Mirando a la Torre” gustó, en una línea flamenca clásica por fandangos en un ambiente frío y con la gente entrando y acomodándose. Esto debería ser tenido en cuanta por los organizadores. La puntualidad no es precisamente una de las principales virtudes del español, y menos en casos como éste. Si a un artista que es primerizo en estos menesteres, nervioso por la responsabilidad, encima le ponemos a gente entrando y saliendo, no se le hace ningún favor para romper el hielo y conectar con espectadores que están buscando su asiento y no dejan ver ni oír. Algo que es un hándicap que se repite año tras año. Tal vez por eso la cantaora alargó su actuación, ya que los dos primeros temas se perdieron entre el arrastre de sillas por el público.
Jesús Jiménez, con el respetable más sosegado y en su sitio, tomó el relevo con Gabriel Celaya de acompañante a la guitarra. Por cantiñas fue su primera intervención en el tono acostumbrado del cantaor local, y luego por fandangos, hizo dos especialmente aplaudidos. Uno proclamando su admiración por el cantaor Fosforito, homenaje a la portada del cartel de este año y otro dedicado al pueblo de Alhaurín de la Torre, su pueblo: “Ay, qué pueblo tan bonito es Alhaurín de la Torre... No hay pueblo que lo mejore... ni a su pueblo ni a su gente”.
Después de Jesús vino el delirio, José Galán, “el bizco de los camarones”, el triunfador, con una guitarra a su lado digna de su éxito ayer. Por algo Antonio Carrión acompaña a maestros como Meneses. Montó el taco el jerezano nacido en Écija. Tientos y tangos para empezar, que calentaron al público; “El mundo es una mentira... cuántos quisieran comer... con t´o lo que el mundo tira”, fue una de sus letras y una de las que más aplausos cosechó.
Se atrevió con la petenera en sus tres formas y ya con el público entregado y aplaudiendo a rabiar, las peticiones eran unánimes sobre uno de los temas que el cantaor ha hecho célebre, “pajarillo marismeño”, una colombiana que la gente se sabía de memoria y que terminó con el público de pie tarareando lo del... ay lerelereleré... ay lereleralerá.... ay lerelereleleré... lereleré... lerelelerá. Lo dicho, cerca de una hora de regocijo común, excepto... excepto... algún purista, muy purista, antiguo presidente de la Peña Torre del Cante que le dijo a este cronista: “éste no me gusta, no debe volver por Alhaurín de la Torre,... ni a comprar un piso”, y eso dicho por uno que se dedica a eso, a la construcción y su venta, debe de estar muy convencido de lo que dice, aunque no sea más que por perder a un posible cliente.
Y se anunció, tal como se esperaba, que Mercé cerraría la primera parte. Salvo que mi memoria falle, el de Jerez hizo exactamente el mismo repertorio que hace un par de años, lo cual no sé, si es que no tiene mucho donde elegir para este tipo de Festivales, debido a que desde hace años Mercé está dedicado al mundo de la canción y no se prodiga, o a nervios y prisa, y me explico, salió deprisa tras la actuación pidiendo excusas porque hacía 48 horas que había sido abuelo y se quería ir a disfrutar con su recién estrenado nieto. Felicidades.
Comenzó en plan flamenco con unas malagueñas y una soleá, ya que es exigencia, que cualquier figura del cante se atreva con este palo, considerado el más puro y el más difícil. Las bordó. A continuación cambió al ritmo de la fiesta, dio entrada a sus palmeros, y se arrancó por alegrías. Un inciso, me extrañó que Moaríto Chico, el guitarrista que lo acompaña desde hace años asiduamente, no las tocara con la cejilla al quinto traste en Re mayor, como habitualmente se interpreta, sino que las hiciera en el segundo traste. Eso, y el carácter de este tocaor que no puntea las falsetas sino que las lleva en acordes, hizo que sonaran una alegrías con los bajos más pronunciados y bastante distintas a la alegría clásica en Re.
Cerró como hace dos años con bulerías (como buen jerezano) y se arrancó a bailar, imagino que para celebrar la alegría del nacimiento del recién estrenado nieto y se permitió incluso cantar a pelo, sin micro en la inmensidad del campo de fútbol, no sé si las últimas filas pudieron escucharlo, contando con el silencio que había pero certifico que al menos en la parte de asientos numerados, se oía.
Muy bien acompañado como de costumbre por sus dos palmeros y por la guitarra de Moraíto, un tocaor que debe de ser muy exquisito de oído, ya que me llama la atención que siempre que lo veo, se pasa tanto tiempo afinando como tocando.
Cerró con “Aire” a petición popular y a disgusto de puristas, pero era obligado, como hace siempre, y la gente coreó los finales de los estribillos. Tras él, el descanso.
Abanico de personalidades en el ambigú de los camerinos durante el mismo, aprovechando para refrescar el gaznate y comentar cómo iba el desarrollo del festival, que hasta el momento era muy bueno y en franca ascensión. Además del alcalde Joaquín Villanova y sus concejales de gobierno, se encontraban también buena parte de la oposición. Todos juntos, pero no revueltos. José Luis Marcos, delegado de Gobernación de la Junta, Salvador Pendón, gran aficionado y presidente de la Diputación, Ana Gámez, delegada de Innovación, Ignacio Trillo delegado de Medio Ambiente, Cristóbal Torreblanca, y directivos de la peña aprovecharon el momento para fotografiarse junto a Mercé.
La segunda parte descendió el nivel. Comenzó con buen pie, pues Aurora Vargas, con la guitarra de Diego Maya y sus palmeros, es veterana y sabe cómo mantener el tipo sobre el escenario, cubrir carencias y volver loco al respetable. Fandangos, tangos, bulerías en la voz de esta gaditana suenan muy bien y hubo feeling con el público y marcha en los asientos. Lo repetido anteriormente, sensualidad y buenas vibraciones, Aurora trasmitió y dejó un buen sabor de boca.
El Potito, serio, plano a mi entender en su cante, casi todo él en el mismo tono y con una guitarra de Salvador Gutiérrez que precisamente no destacaba dentro del buen oficio y además porque tampoco los temas eran de lucimiento, soleá, següiriyas, fandangos y buena cara de los puristas.
Montse Cortés cerró la noche sobre las cuatro de la madrugada, una hora bastante más temprana que el pasado año, con una actuación digna, pero que no levantó la admiración del respetable a pesar del esfuerzo de realizar una interpretación muy clásica que comenzó por mineras.
En definitiva, un festival con una gran figura, Mercé, y un gran triunfador, Pepe Galán.
Hay un CD de Mercé que se llama así, LíO, pero el lío no lo montó Mercé sino Galán y sin palmeros.
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