ROMA IMPERIAL - Restos de una gran urbe
Quizá el ejemplo más emblemático de la Roma Imperial sea el conjunto monumental que forman el Coliseo, El Foro Romano y el Palatino (donde los emperadores tenía sus residencias). Para visitarlos resulta imprescindible documentarse un poquito o gastarse los cuartos en un guía o audio guía. Yo opté por documentarme por aquello de que me gusta ir a mi bola, pero no deja de ser una opción a tener en cuenta. También resulta necesario dejar volar la imaginación, algo que los apasionados a la historia tendrán fácil. Todos los restos romanos han sido objeto de saqueo por las civilizaciones posteriores al imperio romano que utilizaron columnas, capiteles, mármoles y cualquier decoración para ornamentar sus propias construcciones, principalmente iglesias. Es algo habitual ver iglesias en que cada columna es distinta de las demás. También podemos ver obeliscos egipcios que decoran las plazas de las ciudad, trasladadas de su anterior ubicación. Por ejemplo, el obelisco de la plaza del Popolo estaba en el Circo Máximo, hay otros muchos como el de Piazza Navona y al final de la famosa escalinata de la plaza de España. Si entras en el Coliseo y te imaginas a las 50.000 personas que podía albergar gritando, la verdad impresiona. Si paseas por el foro o el Palatino y reconstruyes en tu mente cada una de las edificaciones terminas de entender la grandeza que tenía la ciudad. Respecto al Palatino, recomiendo la visita a la la casa del emperador Augusto, si las colas lo permiten porque solo se puede entrar en grupos de diez en diez. Tampoco os esperéis lo que vuestra imaginación dice que debe ser la casa de un emperador. Lo que queda son frescos en las paredes de tres estancias de la casa. Estas pinturas demuestran que hay poca imaginación ya que los ornamentos que utilizaron en época romana se han repetido hasta la saciedad en etapas posteriores. Otro importante ejemplo de la Roma imperial es el Panteón de Agrippa, convertido después en iglesia y que es el edificio romano mejor conservado ya que no ha dejado nunca de usarse. Está claro, que en su interior ha quedado el reflejo de civilizaciones posteriores pero la estructura se conserva tal cual y nos coloca en el año 125 d.c. en un pis pás. Pensar en que esa estructura lleva ahí cerca de 2000 años me impresiona. Algo característico del Panteón es el agujero que hay en su cúpula que dejar pasar la luz, es muy curioso. La plaza en la que se encuentra el Panteón es un ejemplo de lo que decía anteriormente, de la mezcla de la Roma Imperial con la Roma de las callejuelas.
Existen muchos ejemplos de la Roma Imperial, como La Boca de la Veritá, el Teatro Marcelo, El Circo Máximo, Las termas de Diocleziano con capacidad para 3000 personas, el mausoleo de Augusto o el puente Fabrizio (año 62 antes de cristo, no te digo ná) que une la ciudad con la Isla Tiberina. Realmente cualquier visitante que llegase a la antigua roma quedaría deslumbrado. Me parece significativo de esto la cultura del ocio que existía en la ciudad, con el Coliseo , distintos circos, termas y teatros. En definitiva, una oferta de ocio propia de una urbe de nuestros tiempos.
Decir que la visita al Coliseo, Foro Romano y Palatino se lleva una mañana enterita fácil, apenas uno haga la visita con una mijilla de interés. El resto de la Roma antigua comentada se encuentra dispersa por la ciudad y resulta imposible de enumerar. A mí me gustó el Teatro Marcelo que se encuentra en la calle del mismo nombre y el Panteón. Para entrar en las temas de Diocleziano hay que pagar y yo no entré, pero la visita a la iglesia que se construyó en parte de sus instalaciones (Plaza de la República) llamada de los santos mártires, sí es gratuita y en su interior (además de una estructura curiosa) podemos encontrar en calendario solar muy interesante. VATICANO - Embriaguez artística
El Vaticano quizá sea otra de las grandes atracciones de Roma, más allá de que uno sea religioso o no, aunque está claro que para los católicos esta visita tiene un aliciente más. Visitar la Plaza de San Pedro, La Basílica o los Museos Vaticanos supone una sobredosis de arte y arquitectura que merece pararse unos segundos para poderla asimilar y enterarse de lo que uno está viendo. Nosotros teníamos previsto verlo en un día pero por cambios en la programación lo hicimos en dos y yo lo agradecí porque, sinceramente, a mi se me saturaban los sentidos. La visita a la Basílica de San Pedro y a los museos (donde está la Capilla Sixtina) también se lleva medio día, y eso que habíamos sacado las entradas desde aquí y nos ahorramos las colas que son más que considerables, en julio y agosto no me lo quiero ni imaginar... La entrada a la Basílica es gratuita y entramos en ella después de hacer slalom entre los distintos grupos de turistas que hacían cola para entrar. Aquí llega el primer bombardeo de información, uno no sabe si mirar al techo, a las paredes, las capillas o al suelo. Para muestra un botón, en una capilla lateral está la famosa Piedad esculpida por Miguel Ángel, que por cierto construyó la cúpula de la Basílica (no confundir con la Capilla Sixtina). En definitiva, un auténtico hombre del renacimiento (pintor, arquitecto, escultor y no se que más...)
Después de emborracharnos de arte y arquitectura sacra decidimos subir a la cúpula. Hay dos opciones con ascensor y sin ascensor, con una diferencia de dos euritos. Nosotros optamos por el ascensor (en total 7 euros creo) y nos ahorramos la mitad de la subida lo cual agradecimos porque la cosa tiene "arró que meneá". Si la cúpula impresiona desde abajo, desde arriba no te quiero contar, solo con echar una miradita a las hormigas que deambulan por la basílica te haces una idea de la magnitud del tema. En esta zona es donde te deja el ascensor y luego subes a la cima de la cúpula a patita, unos trescientos escalones creo, y desde allí vista total de Roma. En mi opinión, vale la pena.
La visita a los museos vaticanos es inevitable porque para ver la Capilla Sixtina (donde se celebra el conclave para elegir nuevo Papa) y famosa por las pinturas de Miguel Ángel (el mismo de antes) algo que se visitas Roma hay que ver. Para llegar a la capilla y luego para salir hay que pasar por las distintas salas que acogen los distintos museos vaticanos, todas y cada una de ellas con unos frescos y una decoración artístíca que va uno sin saber donde mirar. Es un hecho demostrado que cuando uno llega a la Capilla Sixtina ha perdido cualquier capacidad de sorpresa por el camino, todos los que la han visitado que conozco han sufrido este síndrome. Esto no resta un ápice a su calidad ni a la visita en sí, hay que hacerla sí o sí, pero tened en cuenta este hecho que os puedo decir que es plenamente científico. Por último, repito que aunque exclusivamente vayamos a ver la capilla Sixtina se pierde un buen rato en cruzar los museos para llegar hasta ella. No hay que olvidar la escalera que conduce a la salida de los museos vaticanos a mi me encantó. No confundir con otra que podéis ver al entrar, no tiene nada que ver, ahí os dejo una foto, es muy curiosa.
Por último, en esta zona está el castillo de San Angelo, no entramos porque leímos en Internet que el museo que alberga no es muy interesante, solo las vistas y para panorámicas la de la cúpula de la Basílica. LAS CALLES DE ROMA - Para los amantes del callejeo
Entre la Roma antigua y la católica se mezcla la que quizá sea la Roma más real, la más mundana, la del carácter mediterráneo. Esa que vemos cuando intentamos cruzar un paso de peatones y no se para nadie, la de los conductores dedicándose lo mejor de su vocabulario. También cuando paran y te dejan pasar en mitad de la calzada simplemente por que sí. También encuentras la ciudad de las callejuelas, unas cargadas de romanticismo, otras de cierta dejadez, de esa que nos resulta tan familiar porque aquí también vamos por la vida un poquito dejados de ir, algo que también ocurre en Portugal y me imagino que en Grecia. Una ciudad que con todo ello también consigue quedarse contigo, sobre todo si callejeas un poco y te alejas de los lugares emblemáticos. El icono de esta imagen, probablemente sea el barrio del Trastevere, pero su imagen domina la ciudad, como digo mezclada con la roma clásica, con los monumentos del renacimiento y con las iglesias.
Así que, callejeando, callejeando, te encuentras con la Fontana di Trevi que ocupa toda la plaza y ella a su vez es ocupada por los turistas a todas horas. Si encontráis un hueco sentaros unos minutos a disfrutar de la fuente, intentando eso sí, abstraerse del turisteo que os rodeará. Vas a Piazza Venecia y casi en un mismo vistazo tienes el Monumento a Vittorio Enmanuelle, primer rey de la Italia unificada y el Coliseo. Ves la Piazza Navona con el obelisco egipcio. Buscas la plaza de España y las escalinatas que la han hecho famosa y te recomiendo que cuando llegues te hayas comprado un buen helaíto y te sientes en los escalones a ver la marabunta de gente de aquí para allá, a las vendedores hindúes (¿qué ofrecerán ese día?) a los tropocientos turistas echando fotos, a algún que otro romano sentado hablando de sus cosillas. Si no haces esta paradita en la escalinata, ver la plaza no deja de ser anecdótico. Después haces un poco de turismo guiri y paseas por Via Condotti para ver los escaparates de Gucci y similares. Sigues callejeando, encontrándote con el Panteón, o el templo de Adriano o la columna de Trajano, la del otro, el de la moto... entrando en incontables iglesias que van desde lo sencillo a lo recargado, ya sabeis, efecto saturación de los sentidos. en esto del callejeo os recomiendo que busquéis un patio muy particular (ver foto), llegáis desde el Campo di Fiori, por cierto, hay que visitarlo por la mañana porque en esta plaza ponen un mercado. Bien, pues desde aquí buscáis la Via del Pellegrino, una de las calles que salen de la plaza, camináis por ella unos metros y a la izquierda, según os alejáis del Campo di Fiori, encontráis un arco que se llama "Arco degli Acetari". Aparentemente es un callejón sucio que da miedo pero si entráis, a los pocos pasos os encontráis con el patio de la foto y, la verdad, es como si te sacasen de la Roma llena de turistas y te llevasen a otro sitio. Nosotros bajábamos la voz al hablar para no molestar a los vecinos.
En cuanto a las iglesias, aparte de las Basílicas Papales de Santa María Maggiore y San Juan de Letrán, os doy cuatro nombres. Una, la más pequeña, la Iglesia de S. Benedetto in Piscinula, en la Piazza Piscinula del Trastevere, data del siglo XI y os topareis con monjes-caballeros medievales en pleno siglo XXI. También en el Trastevere la iglesia de Santa María in Trastevere, la más antigua de Roma y que conserva ese aire entre medieval y Bizantino. Cuanto menos curiosa os parecerá la visita a la cripta de los monjes capuchinos en la iglesia de la inmaculada (Via Vittorio Veneto 27) cuyos ornamentos están confeccionados con huesos de los monjes, su visita da que pensar y que hablar. Por último, me llamó la atención la iglesia de S. Ignacio de Loyola, en Piazza S. Ignacio, por sus frescos, sobretodo su cúpula falsa, es una pintura que al principio se queda contigo y te da la impresión de estar viendo una cúpula de verdad. |