Si el arquetipo de La Torre no lo destruye todo a su paso, existirá la tendencia a construir sobre las mismas bases, volviendo a instalarnos tranquilamente en los antiguos edificios. Incluso aunque la Torre llegue a sus niveles destructivos más peligrosos, la tentación es la misma dentro de este viejo orden. El sufrimiento extremo de Japón hoy, de Chernóbil hace 25 años o de otros lugares mañana, podría enseñarnos algo; las víctimas o la contaminación medioambiental, no pueden ser riesgos inevitables o “daños colaterales”, de un modelo de economía y consumo al que no estamos dispuestos a renunciar. Los pasos que demos a continuación reflejarán la tendencia del mundo y hacia donde caminamos todos; a los japoneses, les es necesaria nuestra ayuda y solidaridad, si han padecido el coste, las consecuencias y las duras lecciones de una tecnología elegida por todos y repartida por el planeta en su totalidad, no podemos dejarles solos y abandonados a su suerte, por el hecho, de que les ha tocado a ellos este desastre; ya sabemos que los japoneses son fuertes pero no son invencibles. Sobre todo, serán necesarias muchas voces capaces de decir lo incorrecto para defender, no ya a la Tierra, que nos sobrevivirá a todos, sino a nosotros mismos como especie sobre la Tierra y a la biodiversidad planetaria.
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La Torre es un arquetipo que nos muestra cuán profundamente hemos descendido a las sombras, sea lo que sea que hayamos encontrado en el descenso, ha de ser liberado y removido desde sus cimientos; este es el don de La Torre: propiciar la liberación de aquellas Torres de Babel de la soberbia humana y de todos sus condicionamientos y prejuicios. Este arquetipo hace posible la comprensión de los errores y nos da la oportunidad de realizar grandes cambios. Pero si una vez que se produce la inevitable destrucción que tendría que liberarnos del error, volvemos a construir el mismo edificio ¿Qué puede ocurrir? ¿Qué viene a continuación? ¿Nos hemos montado en una montaña rusa imparable y el riesgo, incluso la posibilidad del exterminio, es parte del juego? Hace dos semanas se produjo la gran devastación en Japón y ahora es Libia la que ocupa las primeras portadas y disipa la radiactividad existente en Fukushima, que por otra parte, cada día crece y no hay lugar en la Tierra donde poder esconderla. La muerte, la guerra, la contaminación…¿Hasta cuándo?
El mal, o lo peor del mal, no está en la destrucción de las viejas estructuras que representa La Torre, sino en la ignorancia en la que nos mantuvo su predecesor, toda suerte de engaños irreales pero certeros a los que tendemos a volver una vez tras otra. El arcano nº XV, que como ya vimos, secuestraba la luz, el conocimiento, la información verdadera y a nosotros mismos, tejiendo un mundo de mentiras y de prepotencia bajo la apariencia de darnos algo, una aparente comodidad que nos hace cada día más individualistas, dependientes e infelices. Si bien El Diablo, o el mal del mundo con sus manipulaciones, engaños, mentiras y medias verdades, sólo puede vivir y tener su existencia en la mente humana proclive a creerle y escucharle, no es esta una noticia tranquilizadora; nuestra mente no resulta un buen lugar para darle albergue y mucho menos una prisión segura para mantenerlo confinado. No tenemos la opción de desterrarlo y cuanto más intentamos ignorarlo, más se enquista al acecho en las profundidades de nuestro inconsciente y de las estructuras sociales, hasta que encuentra una ocasión propicia para manifestarse. La violencia y el mal nacen del miedo y de la ignorancia, de la manipulación tendenciosa de la información que siempre lideró las guerras, DEL PODER DE QUIENES MANEJAN ESTA INFORMACIÓN CONVENIENTE A SUS INTERESES y que nos divide como sociedad, intoxicando nuestras mentes y manejándonos a su antojo. Una vez descubierto el impostor, La Torre propicia la energía necesaria que hace posible la liberación del cautiverio, la destrucción de las ataduras y a veces sin duda, la salida del infierno. Esta liberación viene a propiciar una visión más elevada del ser humano y de su destino tanto individual como de especie, propicia un cambio dramático que nos empuja a liberarnos de la mediocridad de una vida egocéntrica y nos invita a sentirnos parte de un destino común, de una consciencia absoluta, de un amor trascendente en la evolución, de nuestra unidad básica con la naturaleza, con la Tierra y con todos los seres que la pueblan. Es esta la gran oportunidad que nos puede permitir hacer los cambios necesarios en la energía, los sistemas financieros, religiones y gobiernos. La tendencia de los poderes establecidos encuentra eco en la nuestra propia, su intención es dejar las cosas tal como estaban antes de la crisis y volver lo más rápidamente a la “normalidad”. Así, en vez de avanzar aprendiendo del proceso, volvemos una y otra vez a los viejos esquemas, a la repetición de los mismos errores, a las mismas causas del sufrimiento sin lograr salir del lodo existente. No tenemos mucho tiempo para rectificar, digan lo que digan los expertos; los campanazos de advertencia son cada vez más grandes, El arquetipo de la Torre, nos muestra la oportunidad de hacer algo diferente, pero no hace concesiones. Parafraseando a San Juan de la Cruz, podemos decir que: “Por los caminos que conocemos sólo podemos ir a los lugares ya conocidos”. Para poder ir a donde no conocemos hay que crear modos y caminos nuevos que partan de la renovación (del bautismo simbólico que abra paso al hombre nuevo, al Cristo cósmico y a la diosa interna) de cada ser humano. La liberación para quienes han vivido en la oscuridad de la cueva ( La República - Platón), no resultará cómoda ni grata, acostumbrados a vivir en un confortable sillón frente a las sombras y sus reflejos, no será fácil salir a la luz y acostumbrar nuestros ojos al resplandor de lo desconocido. No hay nada más enojoso para el cerebro humano que los cambios y más si son drásticos. Conllevan un movimiento total de las bases, una remoción de los muros que hasta entonces nos resguardaban y mantenían en trincheras que creíamos reales y seguras. En este punto hay dos caminos, aceptar que la vida es cambio, que todo sucede para nuestro bien, crecimiento y aprendizaje común; que aventurarse decididamente en la vida, atreviéndonos a vivirla de un modo diferente y nuevo, es realmente una aventura maravillosa, o, volver al mundo de las sombras hasta que la burbuja estalle total y definitivamente y nos haga volver, no a la cueva, sino a las cavernas. Lo mismo que hagamos como individuos haremos como sociedad. El destino de La Tierra y de los seres humanos, depende de cada uno de nosotros. Uno solamente no puede cambiar el mundo, pero muchos unos, si pueden. Si estos unos se organizan en círculos se añade el poder sinérgico de la unión, si además son mujeres decididas a reclamar y desarrollar el poder de su feminidad, la vía del corazón, el éxito estará muy cerca de ellas. ¿Los hombres? Tal vez estén cansados de desempeñar las funciones avasalladoras y desgastantes de los machos alfa, puede que decidan aprender a realizar la ceremonia Zen del Té, el arte <<del no hacer nada>> y encontrar dentro de sí la compasión, la serenidad, el amor y la pacífica quietud. Su lado femenino y el camino a la conservación, la protección y la felicidad. Dos libros como recomendación: En defensa de la felicidad. Matthieu Ricard (Editorial Urano) El Millonésimo Círculo- Jean Shinoda Bolen Aura-Soma: La preciosa botella violeta- violeta, el color de la transmutación y de la liberación, de la aceptación y superación de las partidas, de la tristeza, del dolor y las pérdidas. Botella del despertar, del cambio completo hacia el verdadero ser. Una ayuda para aquellos que no quieren estar aquí. El cristal que la acompaña es la amatista, oculta en ella está también el cuarzo rosa, que propicia la armonía, la no violencia y nos abre a la experiencia del amor y la compasión por nosotros mismos y por todos los seres. adrianaruiz439@hotmail.es 952412346/60591139 Los lunes a las 7 en la Librería Alborada, Avda. del Mediterráneo-Alhaurín de la Torre.
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