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XIII La Muerte. El Viaje a las Tierras oscuras Un salto cuántico a la totalidad del Ser | | Adriana Ruiz Díaz. 16.02.11 | | Y era obvia la verdad que no existía la muerte; que nada nace y nada muere; que somos seres inmortales, partes de un sistema viviente natural que se recicla interminablemente a sí mismo. Thomas Benedict Mellen. Estamos adentrándonos en la serie de arquetipos que descienden a las sombras (el espacio interno) este viaje está lleno de paradojas que nos llevan al descubrimiento, no exento de peligros y engaños, de quiénes somos. Quien se atreve a adentrarse en el conocimiento y misterio, no volverá jamás siendo el mismo que entró. La sombra y la muerte son dos temas tabú en nuestra cultura; no importa que vivamos rodeados de ella, en un intento vano de escapar de su influjo, se las intenta silenciar ignorando su influencia e inevitable presencia. La muerte, el gran enigma, es portadora de vida, anuncia el final de un ciclo, una energía que se ha agotado y ha llegado a su fin natural, encierra un momento de cambio y renovación, guardando en sus oscuras profundidades la semilla de lo nuevo. Sin embargo esta promesa de renovación, no es una invitación a salir huyendo rápidamente de la experiencia iniciando otra; toda muerte tiene su proceso y su duelo, su incubación y su oscuridad.
| Las semillas se gestan en lo oscuro y profundo del útero materno, ya sea de la madre o de la Tierra. Si precipitamos las cosas queriendo salir a la luz a destiempo, nos encontraremos en ninguna parte y sin fruto alguno, volviendo una y otra vez atrás, a la crisis, en procesos repetitivos y superficiales. Se hace necesaria la paciente espera para dejar a la crisálida alcanzar la madurez en la oscuridad de su tumba. La muerte trae un final, un invierno donde los árboles quedan desnudos y la tierra yerma, aún esperado, no dejará de ser un tiempo de oscuridad y silencio que podemos entender y disfrutar. Cuando sentimos que una situación ha terminado y ya no avanzamos, es el momento preciso de realizar el cambio, cerrar una puerta para siempre e iniciar la transformación. Encontrar nuestra Verdadera Voluntad en los procesos de cambio, pérdida y transformación, exige autenticidad y atención, contacto con uno mismo y desprenderse del miedo. Pero ¿Cómo podemos saber que una situación ha llegado a su fin? ¿Cómo podemos estar seguros de ello? Las personas tendemos al autoengaño, a manipular las situaciones en nuestro beneficio con más o menos escrúpulos, a decidir en función a nuestros deseos y conveniencias, buscamos el placer y la comodidad y huimos de sus contrarios; encontrar en medio de todo ello nuestra Voluntad Verdadera y el conocimiento del fin de un ciclo, no es una empresa fácil, como no lo es soltar una situación sin aferrarnos antes a otra. Pero la muerte exige saltar al vacío con total confianza sin aferrarnos a nada. Interiorizar que la evolución de la Tierra y la nuestra propia tienen un propósito, que estamos a salvo, que todo está en su lugar, facilita el hecho. Escribo esto y pienso que es fácil decirlo cuando las cosas van relativamente bien en nuestras vidas, pero la Muerte no es un arquetipo que deje rincones donde poder esconderse; ahí fuera están ocurriendo cosas a otros seres de las que consideraríamos inaceptables para nosotros. Todos los seres viven en el espacio de nuestra conciencia, todos estamos conectados, la experiencia de uno es la experiencia de todos, pues forma parte de lo que Jung llamó nuestro inconsciente colectivo. Más aún, toda situación de otro ser (humano o no) es también una situación nuestra, de algún modo nos influye y de algún modo le estamos influyendo. ¿Todo está bien? Parece una ironía, pero lo que sostiene el universo es el amor, la experiencia de la muerte es una experiencia de amor profundo y el mal, un estado transitorio de nuestra ignorancia que es posible disolver en nuestra conciencia. Abrazar el miedo y el mal del mundo hasta disolverlo en nuestro interior salvando todas las distancias, nos da el permiso de mirar el verdadero rostro de la muerte. De la muerte no podemos escapar, apartar los ojos tan sólo nos da la ilusión de aplazar el encuentro. El conocimiento de la muerte, el trato con su fuerza, el aprendizaje de soltar y fluir confiando en el proceso de la vida, nos da una enorme ventaja en el proceso de la vida y también en el de la muerte. La muerte es un salto cuántico a la totalidad, la vida es su ensayo. “Todo está cumplido, superada la enfermedad del esfuerzo, de la resistencia y del miedo, nos encontramos en el estado de perfección.” (Dzogchen). Aura-Soma. La botella 13, plata-verde representa un estado de transición en el que se llama al concurso del corazón, el cual será necesario para poder tomar la dirección adecuada creando un nuevo espacio. adrianaruiz@hotmail.es 952412346/60591139 Los lunes a las 7 en la Librería Alborada, Avda. del Mediterráneo-Alhaurín de la Torre.
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