El arcano nº XII muestra un lugar en el que no habríamos elegido haber estado, un paro forzoso en la vida donde nos encontramos en una situación que se escapa a nuestro control. Las manos a la espalda, suspendidos por un pie en el aire, sin poder hacer nada por liberarnos ¿Qué se puede hacer en una situación semejante? Esta es la perspectiva del personaje de nuestra imagen. Podemos imaginar cuan desesperadamente se ha debatido hasta aceptar quedar conforme en tan ingrata posición; ahora no tiene más salida que la de contemplar lo que le rodea desde este nuevo punto de visión. Hay situaciones en la vida de todo ser humano, que podemos ver reflejadas en este arquetipo, bien por un acontecimiento externo que golpea sin avisar, bien por un estado del alma. Es frecuente en las crisis de la mediana edad, cuando las metas previstas largo tiempo atrás se han alcanzado o no se llegaron a alcanzar nunca y nos preguntamos ¿Era esto lo que yo quería? ¿He luchado hasta aquí y ahora es este el resultado? aunque quizás la peor de las preguntas, la que nos sumerge en un callejón sin salida sea: ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?
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Según Sallie Nichols en su libro Jung y el Tarot, la pregunta correcta sería ¿Quién soy yo para que esto me suceda? Ramana Maharshi decía en sus enseñanzas que la pregunta ¿Quién- soy- yo? Es capaz de liberar el potencial oculto de nuestra psique. Cuando desechamos todo aquello con lo que nos identificamos y no somos, lo que queda, es nuestra verdadera esencia. Nos identificamos sin embargo con la imagen que presentamos ante el mundo y creemos que el personaje es lo real, confundiendo, máscara e identidad. Realmente, si nuestro mundo y nosotros mismos no hubiéramos sufrido crisis permanentes, probablemente nuestro estado de evolución se habría quedado atascado en algún punto del camino; la crisis es el método que emplea la vida para llevar a los organismos a la evolución. Los cocodrilos a los que les va muy bien con sus mecanismos de adaptación primitiva, permanecen con una estructura básicamente igual a la que tuvieron en el cretácico, hace 84 millones de años. Las bacterias llevan entre 3.800 a 4000 millones de años, sin registrar evolución alguna, nosotros en cambio, que procedemos de los mismos organismos, con antepasados comunes con las bacterias, elegimos el camino de la evolución, por lo tanto elegimos el camino de las crisis. En la actualidad vivimos en un mundo en crisis, donde la extraña posición del Colgado se ha convertido en una situación colectiva; no sabemos qué va a ocurrir, nada parece seguro, las más sólidas estructuras financieras se han colapsado, las hemos visto mantenerse tan sólo por la inyección de capital por parte de todos los gobiernos del mundo, hemos acometido el pago público de la deuda privada y contemplamos cómo desaparecen derechos de los trabajadores ganados durante siglos de esfuerzo y sufrimiento. A su vez seguimos negándonos a vivir por debajo del umbral al que nos hemos acostumbrado apenas en una generación. Todo ha pasado muy deprisa, el estado del bienestar se ha convertido en el estado del consumo. Nos hemos alejado de las fuentes primarias de producción de manera que todos los bienes parecen crecer en los supermercados, ya no tenemos que producir nuestros alimentos y esperamos que las soluciones a la crisis vengan de la mano de los mismos gobernantes e instituciones que las han provocado. Por otra parte los superpoblados países emergentes como China o India, aspiran a vivir y consumir igual que nosotros, mientras el continente Africano se debate entre la corrupción y la miseria. Sabemos que esta no es una vía posible para nadie ni segura para el planeta. ¿Entonces? Podemos elegir repartir, planificar, educar, retroceder y cuidar o podemos quemar el último cartucho en fuegos artificiales; solo que no le hemos preguntado al reino de los minerales, los animales y las plantas, ni a la Tierra misma, si estarían de acuerdo con nuestro plan de extinción. La especie humana se enfrenta a una gran crisis planetaria, se halla en un momento crucial, donde ninguna de las estructuras antiguas parecen fiables; sea cual sea la salida de la crisis económica mundial provocada por la avidez y el abuso de los que estaban al mando de las fuentes financieras y la sobreexplotación de los recursos, no podemos olvidar a la Tierra como ser vivo ni al resto de seres que la pueblan sabiendo que siguen en peligro. Suponemos que hemos sabido enfrentarnos al camino con la sabiduría del Ermitaño, que hemos comprendido en la Rueda que todo cambio verdadero pasa por un cambio interior y una apertura a una conciencia superior y que ahora, estamos preparados para dar la respuesta de la sabiduría y el salto adelante que el planeta y la evolución requieren. Los más duros desafíos se presentan ante el héroe de nuestro viaje: el encuentro con la posibilidad real de la muerte y de su propia muerte, alegoría final de todos los cambios. El mundo de sus propias sombras que habrá de reconocer, enfrentar e integrar. La destrucción y la liberación de todas las construcciones decadentes que le mantenían prisionero y la última prueba antes de renacer a un nuevo estado de conciencia, ponerse al servicio de la gran unidad o sucumbir al propio mérito. C.G. Jung decía: “No permitáis que el pensamiento opaque los sentimientos en esta etapa, retrasando así el regreso del alma”. Nos venimos abajo en ocasiones como esta, todo parece ir mal en nosotros y en el mundo y para colmo de males, son esos los momentos que elegimos para convertir nuestras mejores percepciones en una tontería casual. El trato con nuestro ser interno, con nuestra intuición y con las capacidades de nuestra propia psique son un territorio sin explorar; hay que ir poniendo balizas, para poder recordar más tarde, cuando se haga la noche y el alma se encuentre a oscuras, que ahí hay una señal nuestra capaz de integrarnos con el Todo y devolvernos a la vida. El viaje del héroe a las profundidades nos ofrece la posibilidad de transformación personal, en este momento, este viaje es una llamada del ser de la Tierra y del nuestro a una transformación profunda y colectiva desde el sí mismo de cada ser humano. El movimiento externo social verdadero ha de llegar desde la transformación individual e interna. No podemos esperar a que nuestros gobiernos establezcan programas de transformación global que solucionen nuestros problemas si no queremos caer en el absolutismo represor de las dictaduras. En nombre de la crisis y de la prevención del terrorismo, se están recortando derechos en los países democráticos que irán en aumento. El colgado refleja un estado por el que todos pasamos más de una vez a lo largo de nuestra vida, describe a su vez un estado del mundo actual. Desechemos los temores y llevemos esta oportunidad a lo más elevado de nuestra conciencia, nos encontramos frente a un potente catalizador evolutivo pese a la tormenta que se desarrolla sobre nuestras cabezas. Parar, es una oportunidad de cambiar el rumbo. Aura-Soma: La botella 12 también llamada de la Nueva Era, representa una iniciación. Nos ayuda a establecer una comunicación pacífica con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea. Nos ofrece la calma necesaria para entrar en contacto con nosotros mismos y con todas nuestras posibilidades. Cristales: La crisocola es una piedra que alivia los sentimientos de culpa, la ansiedad y los miedos; ayuda a aclarar los bloqueos de los que no somos conscientes. Es un equilibrador emocional. Flores de Bach: El remedio de la aulaga nos ayudará a traspasar los estados de negatividad, pesimismo y desesperanza aportándonos un sentimiento de esperanza y certidumbre.
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