Estamos en el mes de febrero, el mes burbuja, que se ha imbuido de prisa, queriendo hacer acopio de tiempo, para enriquecerse rápidamente; pero los días se han concienciado de su ambición y se han echado atrás, esperando que llegue otra oferta mensual que les permita tomarse más tiempo para no malgastar días y caer en una hipoteca subprime que les ahogue antes de tiempo. La lección ya está dada, el personal avisado y más de un día se ha echado una siesta y espera que pase la borrasca de febrerillo el loco. Hace nada de tiempo, en Portugal se han “celebrado” elecciones políticas y, como la gente ya no se fía ni de su sombra ni de la de los cipreses creyentes en tantas ofertas ventajosas, poquitos son los que han acudido a votar. Sólo se ha pasado por las urnas un 46%, ya que estas entidades no han conseguido convencer al resto, ni siquiera a un porcentaje del resto que hubiera aupado a los políticos en su autoconcepto y autoconfianza. |
El pueblo no se ha tomado la molestia de dar lecciones a nadie, sino que ha ejercido el derecho a la acción directa de la abstención. Tampoco la naturaleza nos da lecciones, incluso tampoco la historia, como siempre se ha dicho. No obstante esto no quita que los políticos aprendan la lección y ejerzan el derecho a la acción directa de hacer las cosas bien, de actuar con transparencia y de ganar la confianza que el viento se ha llevado en la burbuja de las palabras. Pensándolo bien, qué mayoría supone el 53% del 46% de participación. Incluso no se trata de que los ganadores aprendan lecciones, sino sencillamente que sepan leer correctamente la página que las urnas les han escrito, sin saltarse los puntos, sin ignorar las comas, sin tener cuidado con los paréntesis (sobre todo el de la abstención), sin echar en el olvido los interrogantes y echando de menos las admiraciones. Y ahora. en esta etapa de puntos suspensivos (no porque la abstención les signifique un suspenso), tener la mente y la voluntad con todos los arrestos dispuestos a que no sean descalificados en un informe PISA político, eso sí, sancionado por el pueblo. Ya era de esperar, lo mismo que ha pasado con la burbuja del ladrillo, en la que lo único que ha crecido es la lacónica y escueta literatura del “Se vende” y la caída en picado de la demanda. Ya sabemos todos que donde pone “Se vende”, lo pone, porque no se vende. Ya en nuestro país y en la Comunidad Europea están sobrando políticos, instituciones y asesores, y no lo decimos sólo nosotros, sino muchos políticos que quieren reorganizar y soltar lastre, para que la oferta sea más ajustada a la demanda, en aras de la eficiencia y la eficacia. Si es un ajuste, un recorte o un arreglo necesario, nos lo dirá el diseñador, el pueblo, que tomará las medidas oportunas que salven la distancia que hay entre su casa y los colegios electorales. No queremos que el traje nos salga tan holguero (lo que supone otra burbuja más) que nos entre frío por los cuatro costados. No se puede esperar a que pase este crudo invierno y ya nos cambiemos de traje, por aquello de la alternancia, otra burbuja, y volvamos al autoengaño, a la anestesia de la naftalina, creyendo que ésta nos va a dejar el traje a medida y como nuevo. Así pensamos muchos, pensamos en silencio, en el silencioso espacio entre líneas, para que este espacio no nos traicione como una vulgar burbuja.
Josemª Maestro de Primer Ciclo de Primaria
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