Hace seis años yo parecía un cadáver. Estaba vivo porque respiraba, pero la máquina de diálisis, a la que estuve enganchado dos años, me estaba alargando la agonía. Física y mental. Era mi única esperanza. Me trasplantaron una vez en Carlos Haya. El riñón no duró un mes. El segundo, sin embargo, lleva ayudándome a vivir desde hace seis años. Quiero dar las gracias desde este foro a la persona cuya muerte evitó la mía.
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Si no fuera por ella y sus familiares que permitieron la donación de sus órganos, yo seguramente habría acabado suicidándome. Tan deteriorado estaba que llegué a pensar, en mi locura, en ajustar incluso las cuentas terrenales antes de largarme. Las sesiones de diálisis eran largas y mi cerebro pensaba cosas horribles a veces . Tuve aguante y suerte: Un donante compatible me dio su riñón. Ahora vivo feliz. Incluso estrené una nueva escala de valores antes desconocida: sintiendo profundamente las cosas pequeñas a las que nunca concedía importancia: la amistad sincera, una puesta de sol, un nido de golondrinas o la compañía de mis seres queridos, de las que ya no disfruta mi donante pero que allá donde esté espero que le llegue a través de mí y del órgano suyo que llevo dentro.
Mi profundo agradecimiento y un llamamiento a quien lea este escrito de hoy, que nada tiene que ver con mis peleas con don Bravo: por favor, háganse DONANTES de órganos y lo mismo con sus familiares. Miles de personas lo esperan. Para muchas, de ello depende su vida. Yo no conozco a la persona cuyo riñón me devolvió las esperanzas y casi la vida, pero es bonito saber que aún después de haberte ido PUEDES AYUDAR a alguien que, en angustiosa lista de espera y engañando a la propia muerte, vivirá por ti, Y CONTIGO, CON TU DONACIÓN, unos cuantos años más. Gracias, gracias, gracias. Juan Carlos Sanz de Ayala. Trasplantado. |