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El baúl de los recuerdos | | Alfonso GarcÍa Cárdenas. 30.12.10 | | Hablando con mi vecina sobre la actual crisis y como van a subir los precios, (la luz, el gas Butano, la gasolina etc.) el año que viene me explicaba que limpiando los armarios, como todos los años cuando cambia la estación, encontró en el interior de un bolso unos recibos de compras del año 1999. Casi me caigo al suelo del asombro me dijo. Para que se hagan una idea: café con leche, 35 ptas.; barra de pan, 12 ptas.; docena de huevos. 15; tetrabrik de leche, 60, y así una larga lista. No me lo podía creer. Empecé a hacer comparaciones con la época actual, en la que hemos olvidado por completo la peseta y nuestra mente se ha habituado a los euros. Es cierto que han transcurrido 11 años, que los precios crecen por efecto de la inflación y tal.
| | Pero no me explico cómo el mismo café de 35 ptas., ahora cuesta 1,20 euros (200 ptas.); la misma barra de pan, con el mismo peso, antes costaba 12 ptas. y ahora 0,49 euros (81 ptas.); la misma docena de huevos, 1,50 euros (250 ptas.); el mismo cartón de leche, de la misma marca y origen. 0.71 euros (118 ptas.) para tomar conciencia del 'eurazo' que nos asestaron hace tan sólo ocho anos, al ponernos una moneda en la que sólo saben calcular bien los alemanes. Con dos marcos por euro, la aritmética es sencilla, mientras que los españoles tenemos que aplicar la tabla del 166,386, con la que, seamos sinceros, ninguno tiene demasiada soltura. Las cifras, extraídas de un modesto tique de compra, resultan escalofriantes. Lo que nos ocurrió fue que, en los años siguientes al cambio monetario, todos Íbamos de sobraos total, qué más da que se pasen un poco en el precio del café o el pan si para eso tiene todo el mundo. Lo malo es que ahora se acabó la fiesta, volvemos a contar las monedas y a muchos empiezan a no salirles las cuentas. Los salarios de los trabajador no han subido acorde a los años transcurridos hemos perdido poder adquisitivo y vamos hacia peor. Las cifras son muy tozudas y, frente a las promesas y la palabrería, frente al cuento de la lechera y la incontenible verborrea, ahí está, pura y dura, la realidad que encoge el ánimo y atormenta los bolsillos de una ciudadanía, atónita de lo que se le viene encima. A algunos, de forma trágica. Ingenuo de mí, ahora entiendo por qué las familias de este país no llegamos siquiera a mediados de mes. Encima, nos dicen que nos atemos los cinturones que no pensemos en la crisis para no amargarnos la vida pero los que nos gobiernan siguen a lo suyo. Qué bien nos la han jugado. |
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