Una página en blanco es una experiencia de vacío, algo que hay que llenar extrayéndolo de nuestro interior sin saber muy bien cómo hacerlo. Una decisión es igualmente una pantalla en blanco; nosotros decidimos qué escenario proyectamos en esa realidad blanca de todas las posibilidades de experiencia, plagada de decisiones constantes. Alguna vez hemos sentido la melancolía inevitable que emana de las palabras del poema de Robert Frost “Dos caminos divergían en el bosque…” La vida es una elección discriminativa, estamos continuamente tomando decisiones, haciendo elecciones; algo que nuestro cerebro detesta casi tanto como los cambios. Aquello que elegimos acarrea responsabilidad y compromiso en una relación excluyente, la elección tendrá una clara consecuencia que en ocasiones determinará nuestra vida o la afectará a lo largo del tiempo; ello nos obliga a discernir sobre los propios sentimientos con la mayor claridad posible, prestando una cuidadosa atención a los mensajes de la inspiración. Tal vez no estaremos seguros de haber acertado o que nuestra decisión sea la correcta.
Desde muy jóvenes tenemos que elegir, tomamos un camino que ya nos aboca a la elección de un destino; ante la incertidumbre final de mi hija ante sus diferentes alternativas de carrera, recuerdo haberle dicho: “Haz lo que puedas amar hacer el resto de tu vida”. ¿Sería esta una pregunta fiable? ¿Podría amar estos estudios, este trabajo, a mi perro, esta casa, esta ciudad, a esta persona durante el resto de mi vida o de la suya? No lo sabremos nunca del todo, pero el único camino de evolución real, de aprendizaje fiable, de descubrimiento personal, es el camino del corazón. Si el camino en el que estás te resta energía, te hace sentir frustrado, no te sientes en él lleno de vida y capaz de superar todos los obstáculos; es que, como diría el Don Juan de Castaneda, estás en un camino sin corazón. Siempre podremos cambiar de camino, pero no siempre resultará fácil, porque en algún momento, establecimos un compromiso al elegirlo, una de las grandes lecciones de la vida, es aprender a amar aquello que elegimos, pero también puede serlo el quemar nuestras naves, elegir la libertad y comenzar desde cero. El arquetipo nº VI, El Enamorado, describe una encrucijada, entre el pasado, lo conocido y seguro o seguir adelante. Más allá de cualquier polaridad, cuando el amor se extiende hacia toda manifestación existente, desaparece la necesidad de elegir pues todo es igualmente perfecto. Pero la elección desde el sentimiento será la etapa hacia un objetivo superior, la emoción y la pasión, pueden ser partes del amor, pero no lo son en sí mismos pues la naturaleza de las mismas es efímera y cambiante. ¿Y si el amor estuviera tan cerca y tan fácil como el respirar? ¿Y si hemos estado “buscando amor en todos los lugares equivocados” y lo hemos perdido realmente? El amor es simplemente, el espacio, la abierta atención de nuestra conciencia. Y la conciencia es en sí misma, la más suave, amable e íntima fuerza en el mundo... No hay nada más satisfactorio que este delicioso dilema de estar, al mismo tiempo, “aparte de” y “conectado a” lo que vemos, oímos o sentimos. Con el nacimiento de la conciencia, hay una sutil distinción de dos cosas: aquello que es consciente y el objeto de la conciencia, conectados por esta fuerza misteriosa que llamamos amor.
Cada vez que nos hemos enamorado de una persona, un animal doméstico, de una pieza de música o un objeto bello, hemos sentido este flujo de la conciencia íntima y conectada. Desgraciadamente, hemos sido enseñados a creer que, la fuente de este buen sentimiento estaba en el objeto de nuestro afecto. Así pues, sufrimos cada vez que perdemos la fuente aparente.
<<Una de las experiencias más interesantes de los dos últimos años, fue encontrarme en unas conferencias con un maestro americano de la línea de Ramana Maharshi y Edkar Tole, dijo que en la vida "todo" es bienvenido, todo cuanto pase (o nos pase), todo cuanto somos, todo cuanto son los demás, todo cuanto es...Ese Todo que está sucediendo tiene una razón de ser ajena al tiempo… En esencia es abrirse a la vida como lo hacen los niños muy pequeños con los sentidos bien abiertos y sin juicio alguno. No importa tanto a donde nos lleva la experiencia, como la experiencia en sí; de todas maneras vamos a morir, nada podemos perder, nada está en nuestra mano asegurar...Tan sólo poseemos la intensidad de este instante en su plena aceptación expectante de lo que es, no de lo que queremos que sea>>.
En la vida no hay malas experiencias, hay tan sólo “maestros” que vienen a poner a prueba todos nuestros límites. No enseñan a romper las barreras de la percepción y de aquello que consideramos real o irreal, incluido el inevitable final de todo sueño, deseo e ilusión humana. Hacen sufrir hasta que ya no importa lo que hagan porque aquello que tocas está en tu propia conciencia, estás disolviendo todos los espacios en ella, descubriendo, que detrás de todo, enmascarado en todo y a pesar de todo, está el amor sin necesidad de objeto. La experiencia del sufrimiento nos abre la puerta de la compasión. Nirmala, el maestro americano, decía: “No hay experiencias buenas y experiencias malas, todas son experiencias del Ser y este las elige en cada instante. Es la personalidad la que interpreta y discrimina de forma maniquea en función de su placer o su displacer, bueno/malo, bonito/feo, agradable/desagradable… Para el Ser todo está bien, no importa el papel que interprete, lo juega con gusto, acepta todo cuanto llega, todo es bienvenido y todo es amado por igual. Hace lo que tiene que hacer con todos sus sentidos sin expectativas por los resultados, y se retira sin más”.
Dios no creó el universo, se convirtió en el universo. (Deepak chopra)
LA BOTELLA DE AURA-SOMA: la número 6, rojo-rojo. Color para despertar. Energía y amor por la vida. La energía básica del amor. FLORES DE BACH: la Avena Silvestre como ayuda para clarificar y tomar decisiones, y el nogal, que apoya nuestro proceso durante los cambios y facilita la apertura. LOS CRISTALES: el rubí y el granate, pero también las de su color complementario, las piedras verdes nos dan espacio en el corazón. |