El levantamiento de un escenario extraordinario.
Si John Wayne puso interés en su película por reconstruir El Álamo lo más acertado posible, a través de los planos que existían a mitad del siglo XX; el film de Hancock lo ha superado con creces, al plasmar todo lo nuevo investigado a lo largo de cuarenta y cuatro años después; tanto, que se puede decir que el gran escenario creado para la película, corresponde con gran exactitud en formas y medidas, a los edificios y muros que constituyeron el viejo fuerte, con extraordinarios detalles en la capilla tanto interiores como exteriores (con las estatuas de los dos santos en la entrada), el levantamiento del convento y el granero (nada que ver con el de la película de Wayne que se basó en una foto de la época de la Guerra de Secesión), cuarteles largos y bajos, así como los reforzamientos exteriores del muro norte, y diversos detalles de las fortificaciones de madera situadas a extramuros. Por otra parte, y al igual que hizo Wayne, Hancock montó los diversos escenarios interiores en los propios edificios del fuerte, haciendo que tanto por dentro como por fuera se ajustaran a la realidad histórica. Hay que señalar también la magnífica reconstrucción de la ciudad de San Antonio de Béjar, y su acertada posición y distancia en cuanto a El Álamo, que coincide con las históricas. Entre los edificios de la ciudad destaca el cuidado levantamiento de la iglesia de San Fernando, donde los mejicanos izaron la bandera que indicaba que no habría cuartel. A tener en cuenta también las reconstrucción de las cabañas que constituyeron La Villita, siendo las más próximas a El Álamo quemadas por los defensores durante el sitio.
Recuperación de la Historia.
Vayamos ahora a los aspectos novedosos de la recuperación histórica realizada en “El Álamo: la leyenda”. El arranque a partir de un antecedente de dos años, señala cómo parte de la llamada cuestión de Texas se “coció” en el este. El film recoge la personalidad y complicidad de dos aventureros como Houston y Bowie, que borrachos planifican la estrategia a seguir sobre Texas para enriquecerse. Por primera vez aparece el intento de parlamentar y rendirse de Jim Bowie ante los mejicanos (no fue personal como se ve en la película, pero sí a través de una nota), por lo que recibió la amonestación de Travis. El ataque final presentado de noche (se inició sobre las 04:30 de la madrugada), es un logro que ninguna de las películas anteriores había reflejado. Todos los combates parciales en cada parte del perímetro del fuerte están realizados con la mayor exactitud y cuidado en cuanto a tiempo y ambientación (con excelentes planos desde lo alto). Hay detalles escrupulosamente tratados como las trincheras abiertas por los “grises” de Nueva Orleans, en los cuarteles largos. Esta unidad había abierto las zanjas en previsión de que los mejicanos entraran en el fuerte y emplearan artillería contra los débiles edificios de adobe de los cuarteles largos. Echados abajo los muros, los fusileros harían la última resistencia en las trincheras. Sin embargo esto no funcionó, pues los granaderos mejicanos abordaron por el interior y de costado cada uno de estos edificios, cogiendo en difícil situación a los “grises”, metidos en las trincheras y sin opción a defenderse. También la muerte de Travis en el muro norte está hecha con la mayor fidelidad y detalle, así como la de Bowie en la habitación de los cuarteles bajos.
Un intento fallido por presentar la verdadera muerte de Crockett.
El significado que para los norteamericanos tiene la vida del legendario Davy Crockett, explorador infatigable, cazador de osos y hombre de la frontera, ha hecho que muchas obras hablaran que murió luchando valientemente en El Álamo, hecho que igualmente se plasmó en el cine, como “no podía corresponder de otra manera” a una persona que había afrontado tantos peligros y cuya vida ya constituía toda una leyenda antes de morir. Esa aureola hacía imposible pensar, que se entregó sin luchar en un intento de salvar su vida. Sin embargo, desde un principio hubo fuentes coetáneas que indicaron que Crockett fue uno de los seis prisioneros que mandó fusilar Santa Ana. Así lo afirmó en su diario el teniente coronel mejicano de la Peña, y también el coronel Almonte, según carta del sargento Dolson publicada en el “Democratic Free Press”, de Detroit, en el mismo 1836. Después de la batalla de San Jacinto, el doctor tejano Labadie preguntó al capitán mejicano Urizza (hecho prisionero en el combate), los nombres de los seis fusilados en El Álamo. Al responder, Uriza mentó el nombre de “Cockett”. Para Labadie no hubo duda de que se refería a Davy Crockett. Dieciséis días después de la caída de El Álamo, la goleta “Comanche” llegó a Nueva Orleáns. Varios de sus pasajeros contaron a la prensa como tras ser hecho prisioneros Crockett y cinco más “…, se les hizo saber que no habría piedad con ellos”. Esto quedó recogido en el “Post Unión” de Nueva Orleáns, el “Arkansas Gazette” y otros periódicos. En contra de esta información, estuvo la impresión de Joe el esclavo de Travis, y el de la señora Dickinson, aunque ambos, cuando lo vieron ya estaba muerto. Ella relató que al sobrevivir al asalto y salir de la capilla con su hija, ambas escoltadas por un oficial mejicano, vio en el patio el cuerpo destrozado de Davy Crockett al que reconoció por su gorro. Sin duda era normal que el cadáver del mítico explorador evidenciara terribles heridas dadas las circunstancias en las que murió.
La historia se impone a la leyenda en cuanto a la muerte de Crockett.
Para que el lector pueda comprender mejor el suceso arrancamos sobre las 05´00 horas del día 6 de febrero de 1836. En ese momento, El Álamo estaba siendo atacado por todas partes, el teniente coronel Travis acababa de morir y el muro norte cedía ante el asalto de las columnas mejicanas mandadas por los generales Cos y Duque. Las tropas del primero alcanzaron el patio, mientras que las del segundo, al apoderarse de la batería noroeste, comenzaron a atacar las defensas y edificios del muro oeste, obligando a los defensores a saltar y correr hacia la capilla y el convento, los lugares donde Travis había previsto la última resistencia. Para colmo de males, las tropas de Morales lograron poner pie en la batería suroeste, obligando a los defensores a huir también hacia los edificios altos. Por el esfuerzo de los ataques en los referidos puntos, la presión había cedido en la empalizada sudeste, defendida por los voluntarios de Tenesse. Al escuchar “¡Los mejicanos ya están dentro!” el pánico se generalizó, saltando varios de ellos las estacas de madera para adentrarse en la espesura de la oscuridad y ser víctimas de la caballería de Dolores, situada estratégicamente allí para dar caza a los que huían. Todos los que intentaron escapar campo a través por este sector fueron exterminados.
La crónica mejicana cita que los seis defensores tejanos fueron hechos prisioneros en una habitación de los cuarteles. Si se examina el plano de El Álamo, se puede observar que la empalizada sudeste terminaba por su extremo oeste en la esquina de los cuarteles bajos. Viendo cómo se venía abajo la resistencia en los muros norte y oeste, así como la carnicería que la caballería mejicana estaba haciendo en el exterior con los que huían, Crockett y varios de sus hombres optaron por buscar refugio en los edificios adosados al muro sur, donde estaba la puerta principal del fuerte y los defensores resistían sin abandonar sus puestos. A las 6´30, cuando ya amanecía, se escucharon los últimos disparos, por lo general tiros de gracia de los soldados mejicanos cuando descubrían a algún tejano herido o moribundo. Santa Ana, que ya se encontraba con su estado mayor en el patio del fuerte, había mandado contabilizar entre los escombros el número de defensores. Estaban en esa tarea, cuando desde la zona de la puerta principal, un fuerte murmullo llegó hasta los mandos mejicanos. Las tropas acababan de encontrar en una de las habitaciones de los cuarteles bajos, a seis tejanos escondidos debajo de varios colchones, sacándolos al exterior con intención de liquidarlos. Así lo iban a hacer, cuando la aparición del general Castrillón lo impidió, ofreciendo su protección a los supervivientes y conducirlos, acto seguido, hasta donde estaban Santa Ana y su estado mayor. Al expresarse Castrillón, Santa Ana montó en cólera, ya que había dado órdenes expresas de no hacer prisioneros, diciendo en consecuencia: “¿Para qué me los trae usted a mí?”. Se giró sobre sus talones y ordenó a una sección de soldados próximos a él, que los fusilaran inmediatamente. Al dudar el teniente jefe de la misma en la forma de hacerlo, los componentes del estado mayor de Santa Ana que no habían participado en el asalto, vieron llegado el momento de demostrar su “valentía” ante su jefe, y sacando sus sables arremetieron contra aquellos infelices que, maniatados, fueron atravesados varias veces ante las atónitas miradas del coronel Almonte y del teniente coronel de la Peña, testigos de aquella sangrienta escena que quedaron impresionados por la vileza y saña de la misma, y la certeza de que entre los asesinados estaba el conocido coronel Crockett.
“El Álamo: la leyenda” desaprovechó la oportunidad de plasmar una realidad no vergonzante.
A diferencia de todas las películas anteriores, “El Álamo: la leyenda” no hace sucumbir Crockett en combate. El héroe norteamericano es hecho prisionero, puesto de rodilla y fusilado por un pelotón mientras increpa a Santa Ana. En una escena anterior se le había situado en la capilla, con cinco compañeros más, dispuestos a morir en su último combate. Es decir, de otra forma, se sigue revalorizando al mito y se desvirtúa la realidad de lo ocurrido ¿Tanto cuesta, cerca de dos siglos después, colocar a Crockett debajo de unos colchones, oculto para escapar a la menor oportunidad. ¿Se atenta por ello a su figura histórica o al mito? Desde luego el personaje histórico no. Crockett fue explorador y sobrevivió en múltiples ocasiones, peleando contra los indios, los ingleses y las fieras. Como explorador su principal misión fue ir en vanguardia, solo o acompañado por algún compañero, corriendo graves riesgos. Aprendió desde muy joven el valor de camuflarse sobre el terreno, a moverse con sigilo y preveer vías de escape (los indios creek eran implacables con sus prisioneros, pudiendo mantener vivo a un hombre en la tortura durante tres días). La inteligencia, el valor, el instinto, el saber ocultarse, la previsión y el temple, le permitieron a Crockett sobrevivir. Como combatiente en El Álamo nada se le puede reprochar. Asesoró con su experiencia a Travis y Bowie en el mando del fuerte, disparó eficazmente en la empalizada del sudeste (incluyendo aquel con el que estuvo a punto de acabar con Santa Ana), y mantuvo alta la moral de sus compañeros tocando el violín cuando la banda mejicana interpretaba “A degüello”. Tampoco se le puede achacar nada respecto a la empalizada sudeste, pues sólo se marchó de allí cuando ya era imposible defenderla, al escapar hacia el campo una parte de los hombres que la cubrían. Los edificios de los cuarteles bajos fueron junto a la capilla y el convento, los lugares donde los defensores prolongaron durante más tiempo la resistencia, llegando hasta al alba. Por tanto, es de presumir que Crockett y sus compañeros colaboraron en la defensa de los cuarteles bajos hasta que acabaron con sus municiones y la resistencia se apagó en aquel sector, no quedándoles otra alternativa para salvar sus vidas que ocultarse, sabiendo que el “A degüello” que tocaban los mejicanos diariamente a los defensores de El Álamo, indicaba que los asaltantes no harían prisioneros. Las personas que han vivido situaciones extremas, propician su instinto de supervivencia y Crockett sin duda lo tuvo, haciendo lo que cualquier ser humano hubiera hecho en su lugar en aquellas terribles circunstancias. Pienso que la interpretación del actor Jason Patric en el papel de Crockett, es la mejor realizada en el cine, al igual que el excelente tratamiento del personaje en el guión y en la imagen, con la única excepción del final. Dentro del fuerte, el héroe soporta el peso de su leyenda y sólo quiere ser uno más en la defensa, expresando sus dudas y miedos. No desea ser recordado como el gran matador de osos y cocodrilos, sino ser un simple hombre que ante la única opción de la lucha desea salvar su vida. Siendo meritoria la labor artística de Patrick Wilson, dando vida a Jim Bowie (en este film sí se recoge el estado embriaguez casi permanente del tejano y la extrema enfermedad de sus pulmones), creo que físicamente el papel le hubiera venido mejor a Billy Bob Thornton, que en la película hace de Sam Houston. Finalmente, destacar la buena interpretación de Dennis Quaid como Travis.
Mejicanos y negros con conciencia de su situación.
A diferencia de películas anteriores, aquí los mejicanos que luchan junto a los anglosajones en la defensa de El Álamo, muestran conciencia propia. No tienen desperdicio las conversaciones entre Juan Seguín (interpretado por el actor español Jordi Mollá) y Gregorio Esparza, respecto a las ambiciones de los anglosajones por la independencia absoluta de Texas y el papel de los mejicanos de San Antonio en aquella revolución, más partidarios de los derechos federales emanados de la Constitución de México y no de la independencia, pues de hecho la bandera que ondeó en El Álamo fue la mejicana, figurando en la franja blanca una fecha determinante: 1824. Tampoco desmerecen los diálogos que mantienen los dos esclavos negros sujetos a su condición en el interior del fuerte, uno de ellos servil y otro que tiene muy claro el huir a la menor oportunidad, ya que si los defensores del fuerte se salen con la suya, en Texas permanecerá la esclavitud.
El Álamo "reconquistado por los mejicanos" en el cine de 1969.
En 1969, la película “¡Viva Max!” creó la ficción de la toma de El Álamo en el siglo XX por parte de los mejicanos. La temática es la siguiente: aprovechando una fiesta en San Antonio en honor del presidente Washington, el general mejicano Maximiliano Rodríguez de los Santos, interpretado por el genial Peter Utinov, cruza la frontera de Méjico con los Estados Unidos para “tomar” los restos de El Álamo durante veinticuatro horas, tiempo en el que se van a dar todo tipo de situaciones no exentas de comicidad e ironía. El motivo que lleva a Max a la “toma” de El Álamo, es para convencerse de que es un hombre valiente, un militar capaz de impresionar a los 87 soldados mejicanos que le acompañan en la “gesta” y, sobre todo, a su novia.
Epílogo.
Hay muchos episodios en la historia universal que han sido manipulados en el cine, a través de la espectacularidad, la adaptación de los guiones y la vía de la propaganda política. Lejos de primar los criterios artísticos y con honrosas excepciones, cada película es hija de las circunstancias sociales y del tiempo político que vive el estado donde se gesta, así como de la inversión económica de quienes las producen. Por ello, el espectador que tiene preferencia por el cine histórico y desea tener criterio para evaluarlo, debe interesarse por explorar más a través de una bibliografía adecuada (no partidista), sobre los hechos por los que se sienta especialmente atraído, al objeto de poder conocer con mayor fidelidad los acontecimientos, algo que le enriquecerá, pues en definitiva la inquietud es la madre del saber.
Nota.- Mi agradecimiento a todas las personas que han seguido estos capítulos sobre la historia de El Álamo y su tratamiento en el mundo del cine. Esteban Alcántara. |