Para empezar con poca fortuna, ya se está hablando en España de una ley de Libertad Religiosa, cuando de lo que hay que hablar es de Libertad de Conciencia, que atendería las inquietudes y quehaceres de todos, ya sean creyentes o no creyentes. La convivencia no tiene que estar marcada por principios religiosos sino por principios que estén en consonancia con el quehacer de la buena república, si es que no conseguimos ni nos podemos permitir otra mejor. Después, ya no nos podremos quejar de la mala suerte, cuando la diosa Fortuna haya quedado con las manos atadas por nuestra falta de previsión. Nuestra impericia política no debe convertirnos en jeremías de los siglos venideros ni en fatalistas al estilo del Eclesiastés.
Hace unos cuantos días escuché por la radio a un religioso que, hablando sobre las desgracias padecidas por el pueblo de Haití, nos decía que teníamos que aunar fuerzas para levantar a este pueblo que ha sufrido esta tan terrible prueba de la Naturaleza. Es aquí, en la Naturaleza, donde tenemos un espacio y un tiempo común para hablar de nuestras cosas, ya nos resulten favorables o adversas. No podemos volver al maniqueísmo y demonizar a la Naturaleza, por un lado, cuando nos trata mal y ser, por otro, los salvadores de Dios, que nos facilita todo lo bueno.
Nostradamus nos avisa que “por la discordia, la negligencia gala dará paso abierto a Mohamed”. También, más en concreto nos dice que “Desde Fez el reino llegará a los de Europa...” y “Por las comarcas del río bético, lejos de Iberia, en el reino de Granada, la cruz será rechazada por pueblo mahomético y uno de Córdoba traicionará al país”. “De oriente vendrá el púnico (libio) a hostigar a Hadria y a los descendientes de Rómulo...”, “El gran camello vendrá a beber en el Danubio y en el Rhin”. También nos avisa que “De la comarca de Arabia Feliz nacerá el poderoso de la ley mahomética para vejar a España y conquistar Granada”. Para más señas nos aclara que “al jefe de Madrid los islámicos le romperán las costuras”.
Las leyes, sean nacionales o europeas o internacionales, tienen que demostrar su mayoría de edad, y no andar tutorizadas por las religiones. Las leyes, las constituciones y los tratados deben contar con una exquisita distancia y un respeto enorme hacia las religiones, pero no pueden andar como servidumbre y doncellas tras los pasos de sus señoras.
No conviene que las leyes usen un vocabulario que es privativo de la religión, como ha pasado en otros tiempos con los libros de ciencias naturales o sociales. Por ello el tratado de Lisboa de la Unión Europea, por ejemplo, debería hablar sin ningún rubor de Naturaleza (como lo ha hecho el religioso anteriormente citado) y no precisamente de Creación.
Pensamos humildemente que las teocracias han cubierto demasiado espacio histórico y que todos hemos cumplido con creces los excesivos compromisos históricos y hemos esperado con suficiente paciencia para que cada agua vaya a su molino. Siempre se ha dicho, ya que de historia se trata que “agua pasada no mueve molino”. Dificultades siempre tendremos, piedras en el camino no faltarán; pero no busquemos piedras pasadas para volver a tropezar.
josemª. Maestro de Primer Ciclo de Primaria. |